Bilbao
(...) Desde el sur de Iberia, Bilbao es esa ciudad del norte lluviosa y posindustrial, y desde todo lo que queda al norte de los Pirineos, Bilbao es un museo Guggenheim levantado en el sur de Europa.
Es mucho más. (...) Ayer, de pronto, Bilbao fue una ciudad de España donde el Gobierno español y los máximos representantes del Estado lrecibían a sus ilustres invitados, empezando por Christine Lagarde, esa figura que tanta devoción despierta en las clases populares. Fue la ciudad que representaba la España oficial y la Europa oficial, la Euskadi oficial y hasta la economía oficial. (...) Comparada una y otra vez con Davos, donde se rreúne el Foro Económico Mundial, fue también sin embargo, la caqpital de todo lo que se levanta en contra de cuanto oficcialmente representó, de lo oficial representado.
Siempre es así. Bajo la cumbre, bajo la sombra de los helicópteros que vigilan la ciudad desde el aire, emerge la anti-ciudad, la anti-España, la anti-cumbre. Todo lo anti aparece con furia en los márgenes ignorados, contenidos, apartados del mundo convencional y público que gobiernan la la economía y la política. «Una cumbre internacional que se precie no es tal si no hay manifestantes en el entorno», escribía Manu Álvarez en este periódico. Pero en estos tiempod en que las vallas crecen y las brechas se ahondan, se va haciendo más difícil asimilar todo eso contrario que toma las calles dándole la forma de una `protesta oficial'. La protesta procede de un mundo alternativo inflamado por la ira. Para la izquierda y otros lugares simbólicos que no están en el simbólico centro de la ciudad, el Global Forum Spain fue una provocación. La provocación no es intencionada. Los diques que impiden la empatía entre clases, límites naturales y hábiles cortafuegos sociales, son la misma fuerza que impide a los organizadores de esta cumbre (de este Bilbao oficial) comprender que la puesta en escena de la obra sea vista como un insulto, por no hablar de los parlamentos de los actores. (¡Así nos lo agradecen!).

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