MIKEL INSAUSTI
CRíTICA: «Emperador»

Recreación del encuentro entre Hirohito y MacArthur (1)

La historia la escriben los vencedores, máxima a la que no escapa «Emperador», a pesar de ser una coproducción entre los Estados Unidos y Japón con un claro afán de neutralidad. Pero el que las dos potencias hayan consensuado el contenido de la película, no quiere decir necesariamente que vaya a resultar más objetiva o fiel a los acontecimientos de la posguerra recreados.

Como «Emperador» no es una cinta bélica, sino un drama histórico, el homenaje a los soldados caídos en combate es sustituido por un reconocimiento a las figuras de la diplomacia. Y entre todas las que influyeron durante la ocupación estadounidense de Japón se destaca en especial la del general Bonner Fellers, quien fuera el asesor más directo del general Douglas MacArthur en el país del sol naciente.

Si nos atenemos a lo que cuenta «Emperador», la responsabilidad final en la exoneración de Hirohito fue de Fellers, en cuanto reconocido consejero de Mac Arthur. La investigación sobre los crímenes de guerra en los que pudo verse implicado aquel semidios nipón fue muy apresurada, y la decisión última exculpatoria se vió condicionada por la falta de autoridad moral del ejército yanqui, que acababa de arrojar sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagashaki, reduciendo a escombros el territorio enemigo. Después quisieron aplicar la táctica capitalista según la cual Pepsi sería una creación de Cocacola, para así garantizar la inoperancia de la competencia. Con Hirohito a salvo, y eternamente agradecido, Japón sería un rival menos temible, casi como un asociado estratégico nada beligerante.

La mayoría de historiadores, al igual que el reciente fallecido periodista Manu Leguineche, siempre han sostenido que Hirohito estaba al tanto de las operaciones militares y que firmaba las ordenes genocidas. Otra cuestión es que en torno suyo gravitara una compleja estructura de poder difícil de comprender para los observadores occidentales. Quienes mayor peso tuvieron durante la II Guerra Mundial fueron Koichi Kido, Jefe del Estado Mayor, y el totalitario Fumimaro Konoe, a la sazón Primer Ministro.