El Bellas Artes alberga el alegato pictórico catalanista de Antoni Tàpies
Asemejándose a una pintada o mural callejero y provista de la fuerza de estos, la obra es una senyera de grandes proporciones (200 x 275,3 cm) cuya superficie está cubierta por palabras como «llibertat», «democracia», «veritat», «cultura» o «Visca Catalunya!». Pintado en 1971 y de evidente intencionalidad política, «L´esperit catalá» presidió el acto institucional de la histórica Diada de 2012, el mismo año en que falleció su creador, Antoni Tàpies.

«L´esperit catalá» -trabajo pintado por Antoni Tàpies en 1971- es la última obra que llega en préstamo al Museo de Bellas Artes de Bilbo merced al programa La Obra invitada que, patrocinado por corporaciones multinacionales y bancos, posibilita la exhibición temporal de cuadros pertenecientes a otros museos y a las colecciones de dichos emporios económicos. Este trabajo de Tàpies fue presentado ayer a los medios de comunicación y podrá ser visitado hasta el 30 de junio.
«L'esperit català» propiedad de la Universidad de Navarra, fue realizada en 1971, un período en el que la obra de Tàpies -aun dentro del informalismo y los cánones de la pintura matérica- se convierte en expresión del poder reivindicativo del arte y manifiesta sin ambages su compromiso político catalanista, su lucha por la libertad de expresión y su oposición al régimen franquista.
Estas convicciones se plasman en esta obra de grandes dimensiones (200 x 275,3 cm) a través de la representación de la senyera cubierta de elementos caligráficos. Palabras -«llibertat», «democracia», «veritat», «cultura», «visca Catalunya»- y signos -un ojo que mira, una boca abierta- que se distribuyen por toda la superficie del cuadro. También hay manchas rojas que se asemejan a huellas digitales y que actúan como testimonio de una colectividad anónima. La obra, con toda su carga reivindicativa, evoca el poder expresivo de un muro pintado con graffiti, la espontaneidad de una pancarta y la voluntad de un manifiesto.
Ya desde sus comienzos, los trabajos de Antoni Tàpies están vinculados a «los graffiti de la calle y todo un mundo de protesta reprimida, clandestina, pero llena de vida que circulaba por los muros de mi país», según escribió él mismo en su «Comunicación sobre el muro», (1969), cita que recoge el texto didáctico redactado por su propietaria, la Universidad de Navarra, sobre el cuadro.
«Los muros urbanos -recuerda la misma nota- aparecen como lugares de expresión política y personal que el artista traslada directamente al cuadro. `Todos los muros de una ciudad que por tradición familiar me parecía tan mía fueron testigos de todos los martirios y de todos los retrasos inhumanos que eran infligidos a nuestro pueblo'».
El museo exhibe esta obra en la planta dedicada al arte contemporáneo, próxima al cuadro «Las tres gracias» (1959) de Saura, esculturas de Oteiza y Chillida y dos obras del propio Tàpies propiedad del Bellas Artes: «Gran Óvalo», de 1955 y el díptico vertical «Signo y materia» de 1961.
El cuadro, donación de Josefa Huarte al Opus Dei
El cuadro de Tàpies, «L´esperit catalá», que hasta fines de junio puede contemplarse en el Museo de Bellas Artes de Bilbo, fue vendido en una galería de París y adquirido en 1973 por María Josefa Huarte Beaumont.
Esta donó su colección privada de arte contemporáneo, considerada una de las más importantes del Estado español, a la Universidad de Navarra, del Opus Dei, en 2008: «Es mi deseo que la colección quede en Navarra. Mi voluntad ha sido siempre que la sociedad navarra pueda disfrutar de esta colección de arte», dijo al efectuar la cesión.
María Josefa es hija del industrial Félix Huarte (1896-1971), fundador del Grupo Huarte, concejal del Ayuntamiento de Iruñea, vicepresidente de la Diputación Foral de Nafarroa de 1964 a 1971, y Presidente de la Caja de Ahorros de Navarra. El grupo (que hoy agrupa más de 30 empresas) se vio favorecido por la política de obras públicas de la Dictadura de Primo de Rivera entre 1923 y 1929. En tiempos de Franco, se beneficiaron de su política de embalses. Félix Huarte siempre mantuvo un fuerte vínculo con el Opus Dei. GARA

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