Se puede ser madrileño y soñar con ser europeo

Tengo la impresión de que Ramón Salazar es un cineasta muy preocupado por las modas. Hace casi diez años dio un paso en falso con su segundo largometraje «20 centímetros», que tenía una apariencia almodovariana en un momento en el que el estilo del manchego ya empezaba a quedar un tanto desfasado. De alguna manera ha necesitado todo ese tiempo transcurrido desde entonces para reinventarse, para encontrar otra vía evolutiva, con la sensación de haber llegado otra vez tarde. «10.000 noches en ninguna parte» se ha cocido a fuego lento, pero el audiovisual es también un mundo devorado por las tendencias que no espera a nadie.
El tercer largometraje del director revelado con «Piedras» en el 2002 mira demasiado de reojo hacia «El árbol de la vida» y «To the Wonder», dos títulos que definen la reciente trayectoria creativa de Terrence Malick, sustentada en la labor fotográfica de Emmanuel Lubezki. Salazar se lanza igualmente a su particular viaje espaciotemporal, persiguiendo un desplazamiento más mental que físico, y en el que la luz o su ausencia marcan los estados anímicos de los protagonistas.
En su aventura sensorial aporta, eso sí, un sentido de la improvisación interpretativa muy personal e intransferible. Al parecer el método pasa por la convivencia con sus actores y actrices, mientras éstos aprenden a pensar como sus personajes, y, lo más importante, a hablar como ellos. Y así le funciona muy bien la escena de la cena berlinesa, donde Najwa Nimri, Manuel Castillo, Paula Medina y Andrés Gertrudix charlan de forma espontánea y libre.
Esa naturalidad se va descomponiendo por culpa de unas transiciones ambiguas y, por demás, etéreas. Las relaciones personales nunca llegan a alcanzar consistencia, salvo en un tiempo pasado de ámbito familiar, con los roles claramente definidos de la madre y la hermana.
Las proyecciones de la infancia hacia un París idealizado, o de la juventud hacia un Berlín alternativo se convierten en una suerte de sueño europeo para un madrileño desorientado.

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