FÚTBOL FEMENINO Champions League

El Wolfsburgo se consagra en una final espectacular

Los errores en defensa y la competitividad teutona destrozaron al Tyreso, que se había marchado al descanso con dos goles de ventaja.

TYRESO 3

WOLFSBURGO 4

El Wolfsburgo se apunta a un club aún más restringido que el año pasado al adjudicarse su segunda Champions League consecutiva. Y con un título, pese a lo que pudiera parecer, posiblemente más meritorio ahora que entonces, pese a que en Stamford Bridge tuvo que superar al campeonísimo Olympique. Menos cartel tenía el Tyreso, que ni siquiera partía como favorito, pero que acabó exigiendo que las lobas exprimieran al máximo calidad y alemanidad para hacerse con el triunfo.

No es de extrañar que las suecas tuvieran tantos problemas para contener las lágrimas a la conclusión del choque. A la media hora de partido habían conseguido lo que parecía un imposible, acumular dos goles de ventaja que mantuvieron hasta el descanso. Pero no fue suficiente y el Tyreso vio cómo su rival, con la colaboración de las propias suecas, que ofrecieron demasiadas concesiones en defensa, fue capaz de responder una y otra vez hasta voltear por completo el marcador.

El resultado no había sido el único aspecto negativo del campeón en la primera parte. Bien porque se encuentra en la recta final de una temporada exigente, bien por el infortunio que le ha perseguido con las lesiones -algunas jugadoras se han ido reincorporando, incluso de forma totalmente inesperada como ayer Hening, pero no han tenido tiempo de recuperar su mejor versión-, bien porque no todos los días está para ejercer de maquinaria perfecta, el equipo de Ralf Kellermann fue, de inicio, una sombra del que se esperaba. No fue capaz de hacerse con el centro del campo y eso le llevó a permitir, aun con limitaciones, que la alegría ofensiva de su rival encontrase espacios. Paralelamente, le costó muchísimo acercarse con peligro a Soberg aunque, curiosamente, las dos mejores ocasiones hasta que se movió el marcador habían sido suyas. La primera a cargo de Blasse, que hizo mucho daño a las suecas por su banda, con remate de Popp. La segunda con balón desde la izquierda que Kessler no supo aprovechar.

No fue tan generoso el Tyreso. Antes de la media hora, Marta tiraba de genio para colarse entre tres rivales, llegar al área y batir a Schult. Minuto y medio después era Christen Press la que firmaba un jugadón por la izquierda para servir el gol de Vero Boquete, que parecía poner la sentencia.

De locura

Y lo hubiera sido ante cualquier otro rival. O al menos contra un rival de otra nacionalidad. No frente a un alemán y menos el Wolfsburgo, al que la charleta del descanso le vino de miedo. Salió en tromba para, en apenas ocho minutos de la reanudación, fabricar tres ocasiones clarísimas y aprovechar dos de ellas para restablecer el empate. Nada más comenzar la segunda parte era Popp la que aprovechaba la asistencia de Blasse y, acto seguido, Müller la que recibía un balón en largo para firmar el 2-2.

Parecía que la final se teñía ahora de blanquiverde pero en un abrir y cerrar de ojos volvía a cambiar de dirección. Gracias a una genialidad de Marta, que marcó el golazo del partido y del torneo, recortando en el área para colocarlo en el palo contrario, fuera del alcance de Schult.

Volvían a prometérselas felices las suecas. Y volvían a errar. En sus ilusiones y en defensa. Ya lo estaba pasando mal y la lesión de Klingenberg acabó por desbarajustar su zaga. Precisamente con la lateral siendo atentida en banda llegaba el empate a tres -muy protestado por Tony Gustavsson y sus futbolistas, que consideraban que el Wolfsburgo debía haber devuelto el balón-, al rematar Faisst una asistencia de Popp.

El Tyreso sí notó esta vez el golpe. Y las teutonas, que habían olido sangre, supieron agrandar la herida. A diez minutos del final, Kessler se apuntaba a la pelea por acabar la final como MVP -honor que acabó adjudicándose- con un jugadón por banda derecha que Müller convirtió en el definitivo 3-4. Todavía pudo el equipo sueco dar algún sustillo pero hacía ya muchos minutos que su sueño de una despedida a lo grande se había evaporado.