JOSEBA ITURRIA
ANÁLISIS | La Real Sociedad en el mercado

Unas operaciones que cambiarían el modelo de club y el del equipo

La Real ha trabajado la semana pasada en las negociaciones para traspasar a Bravo y fichar a Jonathan dos Santos y para mantener a Vela en un proceso en el que está en juego el modelo de club, por el pago que se realizaría al Arsenal, y el del equipo al fichar otro centrocampista.

En las negociaciones con el Barcelona por Bravo y Jonathan y con el Arsenal por Vela está en juego mucho más que un traspaso, un fichaje y una renovación. Reducir las negociaciones a un intento de destinar el dinero que se recaude por la marcha del portero para comprar el 50% de los derechos del mexicano es muy simple cuando lo que está en juego es crear un precedente al abonar a un club por un jugador más del doble del récord establecido por la Real en invierno de 2001 cuando llegaron Nihat, Westerveld y Kovacevic por cantidades cercanas a los seis millones de euros y empezó su caída al abismo.

Aperribay está decidido a hacer mala su mejor gestión. En el verano de 2012 logró el fichaje de Vela por cuatro años por tres millones por el 50% de los derechos federativos. Desde el Consejo se trasmitió que el Arsenal se reservaba una opción de recompra por 4,2 millones que solo podía ejecutar en el caso de que el club inglés lo quisiera recuperar para jugar en su primer equipo.

Sin embargo, el Arsenal ha comunicado su intención de ejecutar esa cláusula y quiere que la Real se convierta en el primer club que compra dos veces al mismo jugador. Si se pagan otros once millones por el otro 50% de los derechos de Vela para renovarlo hasta 2018 aumentaría hasta los 14 el dinero pagado al club inglés cuando no hay ningún otro que ha trasmitido su interés por abonar una cantidad alta por él. Se ha tenido que alimentar el bulo de que lo quiere el Atlético de Madrid, que lo ha desmentido, para presionar a la Real a entrar en unas cantidades que no debería ni plantearse.

La coherencia se demuestra cuando se puede elegir. El Consejo ha seguido una línea que ha llevado al club desde la Segunda a la Champions cuando no tenía elección, con una prudencia económica y una apuesta por la cantera para rentabilizar la inversión realizada en Zubieta. Además de los éxitos deportivos, la marcha de Illarra y la previsible de Griezmann ha permitido tener grandes recursos económicos.

Si el Consejo se aleja de lo que le ha dado buenos resultados, puede acabar como el Sevilla, que con la cantera subió de Segunda a Primera, vendió por cantidades importantes a Sergio Ramos o Reyes y a partir de ahí lo que hizo fue incrementar sus presupuestos de manera muy grande y ha tenido que vender a sus mejores jugadores en los últimos años para asumir presupuestos de 84 millones como el de esta temporada. Pero el Sevilla tiene más ingresos ordinarios. Con fichajes como el de Canales, que implican un desembolso total de diez millones, o el de Vela, que superaría los veinte, se entra en una dinámica peligrosa.

El ejemplo del Athletic de estas temporadas debería ser analizado en un entorno en el que se mira demasiado a lo que hace el vecino. El Athletic perdió a Llorente y Amorebieta tras ingresar 40 millones de euros por Javi Martínez, sin tener que pagar un porcentaje como el que debe abonar la Real a la Hacienda guipuzcoana de lo que recibe por las salidas por la deuda que le llevó al concurso de acreedores. A pesar de tener mucho mayores recursos económicos no pasó de los ocho millones en el fichaje de Beñat y sus incorporaciones claves han sido las de Mikel Rico por tres y la repesca de Balentziaga. Tras clasificarse para la Liga de Campeones, con los ingresos que puede lograr, se ha limitado a pagar un millón de euros por Viguera, un realista formado en Zubieta por el que debía haber pujado la Real para ficharlo en invierno antes que el Athletic.

Desde el Consejo se ha trasmitido que el nuevo Anoeta es una forma de competir con el Athletic en lo económico para mantener a sus mejores canteranos. Pues la mejor fórmula es periodificar los ingresos extraordinarios para convertirlos en ordinarios y destinarlos a mantener a los mejores canteranos en lugar de hacer grandes desembolsos en determinados jugadores.

Porque se dice que Vela es una apuesta segura. Pero en el fútbol no hay garantías de nada. Vela tiene 25 años y a partir de esa edad jugadores que se basan en la velocidad bajan el nivel. No es el jugador más profesional y utiliza sus piernas para proteger el balón y recibe muchas faltas. Lo anormal es que no se haya lesionado hasta ahora en sus tres años en la Real. Con todo, el Consejo debía hacer lo posible para mantenerlo sin saltarse sus parámetros económicos y ofrecerle una sustancial mejora de contrato para que quiera quedarse y jugar esa baza. Vela jugará donde quiera el año que viene y si quiere seguir en la Real el Arsenal debería aceptar lo que pague el club blanquiazul, no al revés. Pagar ocho-once millones de euros más al Arsenal echaría por tierra el contrato firmado en 2012, el espíritu del mismo que defendió el Consejo y el modelo de club que ha defendido en lo económico y crearía un grave precedente.

Retener a Vela a cualquier precio no puede ser el objetivo de la Real, que debía aprovechar la amenaza del Arsenal con repescarlo para forzar la negociación y el de Barcelona por fichar a Bravo para buscar jugadores en su puesto que tengan sus características y aporten más en el plano defensivo. Es difícil fichar a un jugador que marque 14 goles en jugada, pero no es tan difícil tener uno en su lugar que marque diez y defienda más. El principal problema de la Real no es mantener a Vela y Griezmann, aunque ojalá siguieran los dos, sino reducir la cantidad de goles encajados. Ha recibido 16 goles más que el Athletic, 12 que el Levante y 11 que el Villarreal. Es ahí donde se debe mejorar más y ninguno de los movimientos ayuda a ese objetivo. Todo lo contrario. Traspasar a Bravo y fichar a un portero peor no ayudará nada al equipo.

La insistencia por fichar a Dos Santos tampoco mejorará el plano defensivo, porque es un jugador ofensivo y su fichaje supone cambiar el modelo del equipo por uno que no ayuda a defender mejor. Buscar un jugador de sus características, unido a la presencia de Markel, Gaztañaga, Pardo, Zurutuza, Xabi Prieto y Canales -a Elustondo se le quiere convertir en central- implica la apuesta clara por un 4-4-2 con cuatro centrocampistas interiores en rombo y dos delanteros. Eso deja a los laterales toda la banda, obliga a sus subidas en ataque y les presenta problemas en defensa al tener dos rivales en banda, lo que obliga a los jugadores que ocupan los vértices de cada banda del rombo a defender a los laterales rivales. Por ello es un sistema que no utiliza ahora casi nadie. Es un experimento de Arrasate y lo peor es que si sale mal y se tiene que volver a lo normal -un 4-3-3 o un 4-2-3-1- van a sobrar jugadores para las tres posiciones centrales y faltar atacantes de banda. ¿No es mejor seguir con el modelo de club y de equipo que ha funcionado bien?