Alpinismo de vanguardia en la oeste del Siula Chico
Frédèric Degoulet, Benjamin Guigonnet, Robin Revest y Hélias Millerioux abren en estilo alpino una línea directa, muy dura y comprometida en la cara oeste del seismil situado en la cordillera peruana del Huayhuash. Es la segunda línea de la montaña: «Looking for the void»: 900 m, M7, WI6, R.
«Para nosotros esta escalada es lo más difícil que hemos hecho jamás, desde el punto de vista de la continuidad en cuanto a dificultad pura, compromiso físico y mental y por la dureza de la ruta. No conocemos nada parecido en los Alpes. Y todo ello lo hemos realizado a inicios de la temporada, escalando bajo torrentes de nieve... Era aún temporada de lluvias».
Este es un resumen muy clarificador realizado por Frédèric Degoulet, uno de los cuatro alpinistas franceses que ha firmado la segunda a la cara oeste del Siula Chico (6.265m) de la cordillera peruana del Huayhuash.
Fue entre los pasados días 16 y 20 de mayo cuando el cuarteto creó «Looking for the void». 900 metros en estilo alpino, con cuatro vivacs en pared (tres de subida y uno de bajada) y dificultades técnicas y comprtomiso de mucha consideración: M7, WI6, R.
Decíamos que era la segunda ruta de la cara oeste del Siula Chico, y es que la primera la firmaron los catalanes Oriol Baró y Jordi Corominas en el año 2007. Concretamente este último, Corominas, le ha venido de perlas al cuarteto francés, ya que recibió todo tipo de información y consejos para solventar de la mejor manera posible la escalada al paredón del seismil peruano.
Es el propio Degoulet quien a continución relata la actividad que lleva por nombre «Looking for the void».
Segunda apertura
«La cara oeste del Siula Chico representa el arquetipo mismo del alpinismo comprometido y técnico. Situado en el corazón de la cordillera del Huayhuash, es una montaña remota, con una aproximación que requiere varias jornadas de marcha y protegida por un glaciar caótico. Es decir, un escenario ideal para una gran aventura de alpinismo de vanguardia.
Fue Stéphane Benoist quien aconsejó a Benjamin para ir a Perú. Una vez que vio la foto que nos envió Corominas, el proyecto se puso en marcha. Yo que vivo al lado de l´Argentiere-la-Bessée y que escalo mucho en hielo, la oeste del seismil me recordó a la norte del Gramusat pero claro está a otra escala. La escalada en esta vertiente solo ha conocido un triunfo, el de Corominas y Baró en 2007 tras tres intentos. Otros que no han logrado con éxito su propósito han sido alpinistas de la talla de Mick Fowler, Simon Yates o Steve House.
Robin y Hélias, una cordada que ha firmado grandes actividades (sur del Aconcagua, la «Bonatti-Vaucher» a la Jorasses y otras duras caras de los Alpes) y antiguos miembros de los equipos de alpinistas de la FFME y CAF querían participar en nuestro objetivo andino. Tanto Ben como yo nos dijimos: ¿por qúe no, dada la dificultad de la actividad?
Con un poco de miedo metido en el cuerpo viajamos a Perú, ya que la cara oeste del seismil está expuesta a todo tipo de caída de roca, nieve y hielo; sobre todo desde el mediodía. El propio Corominas ya nos advirtió que a partir del mediodía debíamos de estar protegidos. Esta presión nos obligó a analizar antes de lo previsto los emplazamientos de los vivacs. Y también nos obligó a efectuar una buena aclimatación para escalar rápidos y poder esquivar los citados peligros objetivos. Así que, tras 20 días de aclimatación entre 3.500 y 5.400 metros de altura, el pasado 16 de mayo, a las 3:30 de la mañana, nos metimos en la pared.
Nuestra técnica era simple: escalar los cuatro. Era la primera vez que cada uno de nosotros poníamos en práctica este estilo. Es decir, el cabeza de cuerda escala de forma continua y lo más eficaz y rápido posible hasta que se cansa. Luego le pasa el testigo a otro compañero con ganas de luchar las siguientes secciones técnicas, difíciles y comprometidas. El objetivo era claro: llegar al vivac para el mediodía y resguardarnos de la caída de todo tipo de proyectiles. En general, el líder de la cordada escalaba dos largos antes de «caer» física y mentalmente.
La escalada comienza con una pequeña rimaya de 150 metros con pendientes de 70º. A partir de ahí, la lucha será constante hasta la cima. Todos los días nos teníamos que enfrentar a alguna tirada de mixto comprometido que nos exigía mucha concentración y también tiempo. Durante la primera jornada, después de 400 metros de escalada, nos enfrentamos con un duro largo muy sicológico de grado 6, R, de placas finas y despegadas sobre 10 metros. Ya en el vivac, pasamos dos horas de paleo para acondicionarlo. Nos dimos cuenta del buen trabajo, ya que a la tarde cayeron una avalancha y varios misiles aire-tierra. Vivac a 5.800 metros.
Segundo día. Nos levantamos a las dos de la madrugada, nos espera una dura jornada. Enseguida luchamos con el largo clave de la jornada: un diedro de 50 metros vertical y de hielo de mala calidad. Ben los escaló tras 2 horas y media de lucha. Lo intenta por la izquierda, por la derecha, luego dos movimientos de artifo para pendulear al fondo del diedro... Acabó extenuado. Luego lo escalamos y salió M6+. Le siguieron cuatro tiradas más fáciles pero agotadores de hielo vertical de grado 5+, 6, 5+ y 5. Otro vivac, y otras dos horas de pelea para acondicionarlo. Eso sí, este segundo (5.980 m) menos protegido que el primero.
Tercera jornada. Y lo mismo. Nos levantamos a las 3 de la mañana y a pelearnos con la tirada clave sicológica. En el paso clave, mi frontal empieza a parpadear. Finalmente, lo supero, temblando a tope durante los últimos 8 metros sin protección. Necesité unos 5 minutos para relajar mi respiración frenética. Todavía no estaba acabado el largo. Un buen muro de 20 metros vertical, con hielo más o menos bueno y con protecciones aleatorias. 55 metros de escalada en M6 y WI5 R. El resto de la jornada fue más fácil. A pesar de todo, Ben luchó una hora y media para buscar una solución a una sección de miedo. Para finalizar el día, un largo de placage y mixto (M6, WI5), y dos horas de paleo para poder dormir en condiciones en el vivac a 6.170 metros.
Cuarto día, jornada de cumbre. Ben se queda atascado en una tirada de 45 metros de M6 y 6 en hielo. Seguimos con dos largos de hielo y nieve vertical, y un posible atasco que amenaza sobre la cresta somital que Robin los solventa tranquilamente. Con nieve profunda llegamos a cima.
Nubes altas, fatiga, abrazos... una escalada con verdadera aventura y llena de emociones. He escalado con nuevos compañeros y la experiencia ha sido muy positiva. No tenemos mucho tiempo por delante, y, por lo tanto, empezamos a bajar y nos quedamos en el último vivac. El último día, el de descenso, nieva y hace viento. Por delante 800 metros. A las tres y media de la tarde ya estamos en el glaciar de camino al campamento avanzado».

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