El gin-tonic: mucho hielo y poca sustancia

Maldigo al que inventó el gin-tonic! Dicen que fueron los soldados británicos en la India. Para tomar la quinina y hacer frente a la malaria se inventó la tónica. Pero como no había nadie que se la pudiera beber se vieron obligados a echarle un chorro de ginebra. Es decir, estamos bebiendo como si fuera el no va más una cosa que ni los ingleses podían tragar.
Y lo de echarle más hielos que un iceberg no ayuda nada. Al final, se te derrite todo y queda una plasta en la que se ha mezclado el agua de los cubitos, la tónica a la que se le ha ido todo el gas y lo que queda del chorrito del destilado de enebro. Si se bebe, se bebe. Y basta ya de experimentos extraños que a nadie sientan bien. Porque esa es otra. Estás entonado y te metes un cancarro gélido de esos -porque no se pueden beber chupitos, hay que meterse un vaso grande- y te recorre el cuerpo un escalofrío que te hunde y te amarga la tarde.
Porque puedo llegar a comprender que la gente se meta un gin-tonic en un momento de relax, sentado en una terracita. Pero aquí estamos a lo que estamos y no es plan beberse el brebaje ese en un vaso de plástico de Gora Iruñea colgado del cuello con un cordel mientras se deambula por el adoquín de Navarrería. Y eso de echarle verduras tampoco, que no queremos ensalada.

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra
