Noa desafina
Hoy está programado el concierto de la cantante israelí Noa en el Festival de Jazz de Gasteiz, que viene precedido por los ecos del último episodio genocida perpetrado en la franja de Gaza por el ejército Israelí, en el que la propia artista ha servido. El evento ha desatado una polémica acrecentada por la masacre que se ha cobrado ya la vida de cerca de 200 personas palestinas.
La actuación de la de Brooklyn no deja indiferente a nadie que se haya interesado mínimamente por su trayectoria pública. Mientras habitualmente se prodiga en declaraciones en favor de una paz consistente en el reconocimiento mutuo por parte de agresores y víctimas, en no pocas ocasiones deja caer su calculada imagen conciliadora para mostrar su auténtico desprecio hacia el pueblo palestino. Así lo hizo en un trágico episodio anterior, la operación militar «Plomo fundido» en la que el Ejército sionista aniquiló a más de 1.400 personas. Durante la masacre la artista, en una carta abierta dirigida a los palestinos, culpaba al Gobierno de Hamas de «haber convertido Gaza en un basurero de pobreza, enfermedad y miseria», como si en la crítica situación humanitaria que vive la población de la franja nada tuviera que ver el bloqueo al que desde 2006 le viene sometiendo la Administración israelí. Añadía además: «Solo puedo desear a los palestinos que Israel haga el trabajo que todos sabemos que debe hacerse y les libre de este cáncer, este virus, este monstruo llamado fanatismo, que se llama Hamas». Fue tal el revuelo que causó la salida de tono y la repercusión en su carrera profesional, que hubo de matizar posteriormente su desmán, aunque sin llegar a retractarse.
Si en algo es hábil la israelí es en contentar a su público con retórica pretendidamente pacifista y vacía completamente de contenido político. Así lo intentó en su respuesta a la carta que 50 artistas, músicos, escritores y académicos vascos le hicieron llegar solicitándole un posicionamiento público inequívoco en favor de los derechos humanos de la población palestina. En su misiva la cantante se despachó una vez más con un discurso equidistante, atribuyendo el mismo grado de responsabilidad a víctimas y verdugos, y evitando, amparándose en sucesivas trampas argumentales, reconocer los tres principios básicos del Derecho Internacional por los que se le interpelaba: el fin de la ocupación de Palestina, el retorno de la población refugiada a sus tierras originarias y el fin del régimen de apartheid para con la población palestina en el actual Estado de Israel.
No dudo de que la embajadora israelí aprovechará su concierto en Gasteiz para tomar la palabra y decir que ambas partes del «conflicto» han de reconocerse mutuamente y reconocer en igual medida el daño infringido. Les ruego que piensen en los 200 de Gaza, aniquilados como ratas sin ningún tipo de escapatoria, y que no se dejen engañar por sus cantos de sirena. Si se fijan bien, su discurso desafina.

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