El gesto de Areso bailando el aurresku marca la cita anual
Tradición o devoción son las dos principales causas que anualmente movilizan a miles de vizcainos a peregrinar hasta la colina de Artagan, donde se alza la basílica de Begoña. El guión se cumplió a la perfección, con promesas y plegarias actualizadas incluidas, con la salvedad del gesto del alcalde de Bilbo, Ibon Areso, que bailó los primeros pasos de un rito secular como es el Aurresku de la Anteiglesia.

Ibon Areso pasará a la pequeña historia de este evento folclórico-religioso como otro de los alcaldes que se atrevió a bailar unos pasos del Aurresku de Begoña. Fue un gesto, como él mismo lo reconoció, pero que agradó a los cientos de personas que acudieron a presenciar esa danza que recupera anualmente el grupo Beti Jai Alai en la trasera de la basílica tras la misa mayor.
No se había situado aún el conjunto de los dantzaris, que ataviados con vestimentas extraídas de un famoso grabado de Genaro Pérez de Villa Amil de 1842 sirven para recrear la estampa de fiesta en ese lugar finalizada la Primera Guerra Carlista, cuando el propio primer edil se puso en manos del componente del Beti Jai Alai Ramón Bañuelos y comenzó a dar los primeros pasos arrancando aplausos. Areso, no con cierta fragilidad, fue cubriendo un círculo entre saltos y movimientos de sus pies hasta que, como colofón, en medio de la plaza, saludó a los presentes con cortesía mientras los miembros de la Corporación municipal presentes se incorporaban para sumarse a los aplausos del público. Fue su gesto.
A partir de ahí, recuperó la makila de mando y ocupó la presidencia junto al obispo Mario Iceta, siguiendo con interés los lances del aurresku que, tras el desafío final entre la cabeza y la cola de la cuerda de hombres a la que se fueron sumando mujeres, finalizó con fandango, arin-arin y biribilketa con las clásicas culadas.
Ese baile en la trasera del emblemática templo se ha convertido en uno de los actos destacados de la peregrinación anual de miles de vizcainos, devotos o no, hasta el templo donde se venera a la patrona de Bizkaia. Durante toda la noche, el santuario permaneció abierto, recibiendo a miles de personas, algunas de las cuales lo llenaron en la primera misa a las 4.00 -desde las 1.30, los alrededores estaban a rebosar-, celebraciones religiosas que se fueron repitiendo cada hora hasta las 21.00, con la Salve a la Amatxu.
Al mediodía, a la misa mayor celebrada por Iceta, acudieron los ediles de PNV, PP y PSE mientras EH Bildu denunció la presencia oficial del Consistorio bilbaino en ese acto, que según manifestaron no respeta «la separación que debe existir entre las instituciones y las confesiones religiosas». En esa celebración, el obispo tuvo un recuerdo especial para el anterior alcalde, Iñaki Azkuna, que falleció en marzo, y que destacó por su buena sintonía con la Iglesia católica en este y otros actos.
En la homilía, el prelado denunció la «inaceptable» muerte de civiles en los conflictos de Palestina, Siria, Ucrania e Irak. También hizo referencia a la labor de los misioneros por el mundo. Al final del oficio religioso, ante los medios de comunicación, el alcalde declaró que «si hay una cosa que nos une a los bilbainos y vizcainos, es la Amatxo de Begoña».
Desde todos los rincones
Desde todos los rincones del herrialde, desde Balmaseda hasta Ermua, o de Urduña a Bermeo, acudieron peregrinos, muchos de ellos a pie caminando durante toda la madrugada, otros en distintos medios de transporte, de toda condición y edad. La devoción por la virgen de Begoña y manifestaciones como la de ayer son anteriores a la fundación de la villa en 1300 por Diego López de Haro. Muchos de los presentes acudieron por tradición familiar, empujados por los amigos y cada vez menos por sus convicciones religiosas católicas, aunque los hay que las mantienen y hacen gala de ello.
Los aledaños de la basílica estuvieron a rebosar durante toda la jornada. Algunos recuperaron fuerzas en las txosnas instaladas con un buen talo con chorizo o adquirieron las tradicionales rosquillas de anís. En los puestos ubicados en la explanada hubo ocasión de comprar también estampas de la Amatxu, rosarios o escapularios, o la lotería de Navidad de la Hermandad de Begoña.
La colina de Artagan volvió a congregar ayer a miles de vizcainos, aunque lo cierto es que no hubo tantas aglomeraciones como en años anteriores.
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