El final de una etapa inolvidable
La Fundación Euskadi se despidió ayer del pelotón profesional en el que ha competido desde 1994 con una filosofía única basada en completar sus equipos con corredores vascos y formados en su cantera. Con su debut victorioso en el Tour de 2001 vivió su apogeo.

La Fundación Euskadi dio por concluida ayer la etapa más bonita de la historia del ciclismo, con 21 años ininterrumpidos de presencia en el pelotón profesional con una filosofía única basada en correr con ciclistas vascos o formados en su cantera. Con esa política, desde 1994 ha conseguido 181 victorias y, lo que es más importante, que la sociedad vasca se sintiera representada por ese equipo y se desplazara en masa a las carreteras con sus camisetas naranjas para vibrar con sus ciclistas.
La Fundación Euskadi se creó en 1993 impulsada por el que ha sido su alma máter, Miguel Madariaga, que consiguió enamorar al diputado general de Bizkaia, José Alberto Pradera, para impulsar un equipo vasco con una filosofía similar a la que podía tener el Athletic.
En un principio se presentó un proyecto muy ambicioso e incluso se habló de formar el mejor equipo con el dominador del momento, Miguel Indurain. Pero a pesar de convertirse en el único equipo ciclista que tenía socios que pagaban su cuota anual para impulsarlo, la terca realidad obligó al equipo Euskadi a debutar en 1994 de forma modesta, con más ilusión que dinero. A pesar de que en sus primeros años intentó atraer corredores que habían destacado en otros equipos como Pello Ruiz Cabestany, Álvaro González de Galdeano, Juan Carlos González Salvador o Asier Guenetxea, no había dinero para fichar a los mejores vascos y la cantera se convirtió en la base de su éxito.
Los ciclistas que han dado los mejores resultados a la Fundación Euskadi desde su inicio fueron los que debutaron en profesionales gracias a su política de cantera. Así Agustín Sagasti estrenó su palmarés en su primera participación en la Euskal Herriko Itzulia en 1994, Iñigo Cuesta se convirtió en su primer líder antes de ir a la Once y Roberto Laiseka le dio las primeras victorias en grandes vueltas.
El año 2000, salto de calidad
Si hasta la primera victoria de Laiseka en la Vuelta de 1999, el equipo Euskadi sufría por sus limitaciones económicas, perdía a sus mejores corredores cuando empezaban a destacar y apenas podía conseguir victorias en pruebas menores, a partir del año 2000 dio un salto de calidad con la apuesta por el equipo de Euskaltel, que había entrado como primer patrocinador antes de la Vuelta de 1997.
El año 2000, además de lograr Laiseka su segunda victoria en la Vuelta, el equipo consiguió ganar sus primeras pruebas por etapas también con corredores que habían dado el salto a profesionales con la Fundación como Mikel Artetxe, Haimar Zubeldia e Iker Flores, que ganó el Tour del Porvenir. Además Alberto López de Munain logró la victoria y el primer amarillo en el prólogo de la Dauphiné.
Esos resultados permitieron al equipo lograr la invitación para participar en su primer Tour en 2001, donde Laiseka logró la histórica victoria en Luz Ardiden que hizo aumentar la intensidad de la marea naranja que acompañó al equipo vasco en el mejor escaparate del mundo a partir de ese año.
La pleamar se alcanzó en 2003, cuando Iban Mayo consiguió la primera victoria del equipo en la general de la Euskal Herriko Itzulia tras ganar tres etapas, lograr otras dos en la Dauphiné y una en el Tour en Alpe d'Huez. Además el equipo naranja colocó a Haimar Zubeldia e Iban Mayo entre los seis primeros de la general en París.
La aportación de Euskaltel y de las instituciones permitieron al equipo mantener a sus mejores corredores y llegar a manejar un presupuesto ligeramente superior a los siete millones de euros que le colocaron en la élite del ciclismo. Y llegaron, como siempre, desde la cantera vasca dos corredores como Samuel Sánchez e Igor Antón que consiguieron colocar al equipo en la disputa de los podios y de la victoria en las grandes vueltas. Solo una desgraciada caída impidió al ciclista de Galdakao ganar la Vuelta de 2010.
El principio del final
Pero toda historia, por muy bonita que sea, tiene un principio y un final, que en el deporte casi siempre son feos. En 2011 vivió uno de sus mejores años. Samuel Sánchez ganó la etapa de Luz Ardiden y subió al podio como rey de la montaña en un Tour en el que, tras la descalificación de Menchov, logró el tercer puesto. Además ganó dos etapas en el Giro con Nieve y Antón, que logró otra en la Vuelta en la apoteosis de Bilbo.
Pero a final de ese año Euskaltel decidió romper con Miguel Madariaga y encomendar a Igor González de Galdeano un proyecto que solo le duró un año. Así en 2013 la Fundación, que había mantenido desde 2005 un segundo equipo continental apoyado por Orbea, tuvo que volver a sus orígenes y con el mismo maillot con el que debutó ha aguantado las dos últimas temporadas sin encontrar los apoyos económicos suficientes para poder continuar su labor.
Más de un centenar de ciclistas pudieron cumplir su sueño
De todos los datos de la historia de la andadura de los equipos de la Fundación Euskadi en la élite destaca que ha dado la opción de debutar con los profesionales a 111 corredores vascos o formados en equipos aficionados de Euskal Herria, cuatro solo como stagieres. Los últimos fueron Jon Irisarri y Xabier San Sebastián en la clásica de Getxo.
Entre los que tuvieron la opción de debutar con el equipo vasco destacan ciclistas que han logrado grandes logros como Laiseka, Cuesta, Aitor Osa, Joseba Beloki, Igor González de Galdeano, Zubeldia, Iban Mayo, Samuel Sánchez, Egoi Martínez, Igor Antón, Fernández de Larrea, Verdugo, Nieve, Landa o Ion Izagirre. Algunos de ellos no habrían llegado al profesionalismo si la Fundación no les da la oportunidad de dar el salto desde la cantera vasca.Joseba ITURRIA

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