Andoni ARABAOLAZA
Entrevista
Mikel ZABALZA
ALPINISTA

«Hasta la fecha es la escalada más dura y expuesta que he hecho»

Ya informamos en su tiempo sobre la apertura realizada por los miembros de la expedición WOPeak Juan Vallejo, Alberto Iñurrategi y Mikel Zabalza en la cara sur del Paiju Peak (6.610 m, Karakorum). En un ataque de 10 días se hacían en estilo cápsula con la primera a la Torre Principal del seismil tras abrir la vía «2t» (6b, A3, M5, 1.100 m). Analizamos con Zabalza los pormenores de esta actividad.

Al segundo intento han logrado en parte el objetivo fijado, y es que se quedaron lejos de la cumbre principal.

A diferencia de las otras expediciones con Iñurrategi y Vallejo, casi todas ellas (por no decir todas) iban centradas en las características alpinas de Alberto. En cambio, la que habéis realizado al Paiju Peak ha tenido otro carácter; más del estilo de Vallejo y tuyo, y nada que ver con el de Iñurrategi. ¿Lo del Paiju Peak ha sido una cosa tuya? ¿Cómo surge la idea?

Los objetivos que hemos compartido en las últimas expediciones han surgido casi siempre después de debatir bastante y han sido consensuados. El del Paiju surgió de una simple foto que saqué en el 2008 cuando íbamos camino del Gasherbrum 4. Buscábamos un objetivo en un seismil y yo propuse esto. En este caso la idea fue mía.

Habéis realizado dos intentos para lograr en parte el objetivo que os habíais marcado. En el primero casi ni os movísteis, y es que no llegastéis ni a la base del pilar o headwall. Después de este segundo viaje, ¿qué conclusión o análisis haces de aquel -fracaso-?

Es difícil acertar a la primera en un objetivo duro y sin información. El año pasado la meteo no acompañó y nos bajamos con un marronazo de aupa. A eso hay que añadir que no acertamos con la logística, no llevamos hamacas y nos planteamos el intento con pocos víveres.

Podía haber salido, pero tendríamos que haber elegido una vía más fácil y haber disfrutado de buen tiempo. Lo que aprendimos de esta vertiente el año pasado ha sido clave para ir este año enchufados en la parte inicial de la expedición. Es difícil encontrar el camino hasta el campo uno y, aunque hemos escalado los primeros largos en peores condiciones que el año pasado, era terreno conocido y eso ha resultado clave.

Además, en las escaladas o ascensiones en las que erramos son en las que realmente aprendemos; porque reflexionamos sobre lo acontecido e intentamos mejorar y aprender.

En este segundo viaje finalmente llegáis a la base del pilar y lo escaláis. En términos generales, ¿nos puedes explicar qué características tienen esos 1.100 metros de pilar que habéis escalado?

Los 1.100 metros de la cara sur de esta torre constituyen un big wall en toda regla. La pared tiene algunos neveros estratégicos que se vuelven peligrosos los días de calor. El carácter es muy alpino con una aproximación dura, compleja y bastante peligrosa, y con una llegada a la cima también muy alpina.

Quitando el mixto de la parte de arriba, en cuanto a la escalada en roca os habéis enfrentado a dificultades técnicas de 6b en libre y A3 en artificial. ¿Pensabas que iba a salir más en libre? ¿Cómo fue?

Si, pensábamos que íbamos a poder escalar con los gatos pero apenas los hemos podido usar. Hemos encontrado mucho hielo en las fisuras y a veces demasiada agua. En algún largo parecía que veníamos de hacer descenso de barrancos, totalmente mojados, con el inconveniente correspondiente que supone esto. A partir del largo 15 la escalada es muy vertical, a veces algo desplomada, con mucha fisura ancha de nº 5 y 6 y con hielo... Vamos, que en muchos largos que hemos cotado como 6a/A2 las hemos pasado canutas. En general, las condiciones de la escalada han sido muy duras, de poder disfrutar poco.

Secciones de artificial de hasta A3, eso ya es serio.

Creo que podíamos haber escalado algo más de dificultad en libre, pero las condiciones nos han dado pocas opciones; si no había hielo, era agua, y bueno, llegamos hasta donde llegamos.

En artifo hemos encontrado varias fisuras trompeteras, de esas de punta de clavo, micros pequeños y dos levas de friend. El largo más duro de artifo fue uno de los últimos, pasé una laja expanding gigante: fue muy tenso. Alberto estaba debajo y si se desprendía lo mataba. Fueron 7 u 8 metros de levitar y no dejar ningún seguro. Después la roca estaba podrida, pero pude meter un buen clavo antes de un gran techo. Es difícil graduar el artificial, yo no soy un especialista, aunque he escalado hasta A4 otras veces, pero nunca tuve tanto miedo. El largo terminaba en un offwith de 6a con hielo en donde tuve que darlo todo, llevaba 50 metros de cuerda y me rozaba mucho. No sé... para mí fue muy duro.

¿Cómo os repartísteis la escalada entre los tres?

Cada uno escaló el largo que le tocó. Eso sí, el petate más grande lo subía Juan.

En las notas que mandábais por medio del gabinete de prensa señalabas que «ha sido la escalada más dura hasta la fecha de mi trayectoria». No me parece que es tu estilo decir eso de lo más duro. ¿Porqué te ha parecido tan dura?

Ya te digo que igual es que me estoy haciendo mayor, pero esto es de mi cosecha. Hasta la fecha ha sido la escalada más dura y expuesta que he realizado.

También decíais que a partir de los 6.100 metros «seguir es un suicidio». ¿El trayecto hasta la cima es tan expuesto?

No es imposible, por supuesto, pero es mucho más expuesto de lo que nosotros estábamos dispuestos a asumir. De cualquier manera no hubiésemos ido después del percance con la pedrada que le dio a Juan. La arista para llegar hasta la base de las laderas está muy afilada, muy acornisada, y la nieve es una porquería. Luego la barrera de serac te corta el paso y tiene muy pero que muy mala pinta, con continuas purgas. Y para rematar, la orientación sureste de estas laderas la hacen poco apetecible. Desde lejos se veía muy bonito, pero de cerca lo vimos inviable para nosotros: ¿quizás otros?

Finalmente os quedásteis a esa altura lejos de hacer cima [en el escrito que se reproduce debajo Vallejo reflexiona sobre ello]. ¿A ti qué te parece quedarte a unos 600 metros de la cima?

Yo he vuelto con sensación de cumbre, de hecho es una de las expediciones de la que he vuelto más satisfecho y también más petado. La cumbre de la torre está lo suficientemente separada de las laderas de la montaña y tiene la suficiente personalidad como para ofrecerte con creces esa sensación.

Dicho de otra forma: hasta la base del pilar teníais por delante una pedrera infernal y un laberinto al parecer nada atractivo, luego una torre muy atractiva, pero os quedásteis sin cima. Da la sensación de un «querer y no poder». ¿Solo con escalar el pilar ya te ha llenado esta expedición?

No lo hemos vivido como un querer y no poder por no acceder a la cumbre de la montaña, sino que más bien lo hemos vivido como «eso es demasiado arriesgado y llevamos casi 10 días en esta pared rozando el larguero. La más expuesta que yo he escalado nunca, ya hemos arriesgado demasiado».

Creo sinceramente que hemos tenido mucha suerte de bajar los tres casi enteros; nos han silbado demasiados trozos de hielo y piedras.

Dos viajes a una vertiente virgen de un seismil con el resultado que estamos comentando. ¿Más positivo que negativo? Lo digo porque, por ejemplo, el Paiju Peak no es un Jannu o un sietemil alto.

Nosotros hemos vuelto encantados de haber podido abrir esta vía en una pared virgen, y teniendo en cuenta en el lugar donde está. De estas en una vida hay que hacerlas contadas, sino pillas fijo.

Campamento Base Paiju Peak, a 3.400 metros.

El día 25 de julio, cuando escalamos hasta la arista cimera del pilar, ayudados también en la decisión -todo hay que decirlo- por las buenas previsiones meteorológicas y por lo tardío de la hora, decidimos que al día siguiente volveríamos a escalar hasta la cumbre. Y no solo por esas razones, sino por un convencimiento pleno también de que este tipo de ascensiones deberían acabar (siempre que sea posible y razonable) en la cumbre, desterrando estas nuevas tendencias de origen más deportivo que admiten acabar una vía en cualquier punto de una arista perdida, o en muchos casos en cualquier lugar que exija el uso de otro tipo de material que suponga un acarreo extra de peso para conseguirla. Aunque, como siempre, todo esto es una opción libre y totalmente personal.

A todo esto (y aunque parezca que contradice lo anterior) para entonces ya habíamos tomado la decisión de conformarnos con la cumbre del pilar. Después de todo el despliegue físico que habíamos realizado en esos días, no lo veíamos para nada claro, y nos sentíamos mucho más que satisfechos con conseguir esta cumbre, aunque de menor altura, de un valor cualitativo mucho mayor para nosotros. Y, aún siendo conscientes de que esto suponía un retroceso en cuanto al planteamiento que hicimos en casa, también es de sabios reconocer cuándo algo se te va de las manos y ha sobrepasado el plan inicial.

Después de todas estas reflexiones, sigo estando más que contento con lo conseguido a nivel personal, pero con la gran pena de no haber vivido el momento irrepetible de estar allí con mis amigos de escalada, en ese lugar donde todo lo que se ve está por debajo del nivel de tus botas. Juan Vallejo