La cara de Valverde
Me cago en su put... madre!», se le leyó perfectamente los labios a Ernesto Valverde, postrado, hundido en su banquillo, cuando su equipo encajó el segundo gol. Se llevó las manos a la cara y solo le faltó llorar. Su cara de funeral a lo largo del partido fue el mejor resumen. Su rostro de resignación fue lo más desalentador, porque de ello se deduce que la solución no se antoja tan sencilla como pudiera parecer, por muchos paños calientes que el técnico ponga a la errática trayectoria del equipo las últimas semanas. Ya no solo falta gol, o llegada, o centros. Ayer no se vio reacción ni fortaleza mental para saber cómo sobreponerse. Nadie mejor que él sabe el diagnóstico, nadie mejor que él la solución. Alégranos la cara `Txingu'.

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