«Creo que era necesario llevar una historia así a la pantalla»
«A escondidas», el segundo largometraje de Mikel Rueda (Bilbo, 1980), narra la historia de amor entre dos adolescentes, uno de ellos un inmigrante al que quieren expulsar del país. Tras llevar a la gran pantalla lo sucedido durante la Guerra del 36 en la cárcel de Saturraran por medio de «Izarren argia», Rueda ahonda ahora en la homosexualidad y la inmigración.

Hoy llega a las salas de cine «A escondidas», segundo largo del bilbaino Mikel Rueda, que narra la historia de amor entre dos chicos adolescentes, uno de ellos inmigrante. La película fue rodada en distintos barrios de Bilbo y en el reparto figuran Ana Wagener y el recientemente fallecido Álex Angulo, junto a varios adolescentes que nunca antes habían actuado y que, en palabras del director, «ha supuesto un gran reto» pero «ha dotado a la película de una gran naturalidad».
«A escondidas» nace a partir de su experiencia en el corto «Cuando corres». ¿Necesitaba conocer y contar más?
Nace básicamente de dos partes. La primera la forman mis experiencias personales, las cosas que sentí y viví en su momento y que me parecía que tenía que contar. Por otro lado, quería hablar de la experiencia que tuve trabajando con aquellos chavales que llegaban al país a edades muy tempranas y sin ningún referente paterno ni materno. Me interesaba mucho saber qué pasaba con esos chavales, a dónde iban.
Habla de inmigración, adolescencia y homosexualidad.
Me interesaba mucho contar una historia de amor entre dos chicos y a una edad temprana, porque es un tema que hasta ahora no se ha tocado cinematográficamente; se habla de homosexualidad en edades adultas, pero en edades tempranas parece ser un tema tabú. Determinados sectores de la sociedad se rasgan las vestiduras si hablamos de homosexualidad por debajo de los 18 años, no están cómodos. Los chavales necesitan referentes, ver que ellos pueden sentir y enamorarse de gente de su mismo sexo, que es algo natural. Creo que era necesario llevar una historia así a la pantalla.
Habla de prejuicios, desigualdad de oportunidades, abusos policiales... ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?
Durante siete años hablé con muchas asociaciones de inmigrantes como SOS Racismo, el Ararteko, centros de menores, asistentes sociales... Quería ver cómo se actúa en estas deportaciones que se hacen con chavales y tuve que informarme mucho, porque hablamos de cosas que están ocurriendo.
El título, «A escondidas», no solo hace referencia a los dos protagonistas. No son los únicos que se esconden...
Se hacen deportaciones sin que nadie se dé cuenta. En Euskadi pasa menos, pero en Madrid y otras comunidades sí que pasa: entran de golpe una noche en un centro de menores porque a un juez se le ocurre que ese niño no puede estar en el país, un chaval que lleva varios años bajo la tutela de la Administración Pública, que está yendo a clase y que está totalmente integrado... Dicen que no se le puede dar la nacionalidad, lo meten en un avión y lo ponen en la frontera de Marruecos. Eso ocurre, y es heavy. Era una cosa de la que tenía que hablar, aunque no me he centrado demasiado en ello porque si no la película al final se puede ir por otros derroteros y me interesaba mucho más la historia de amor entre ellos dos.
¿Cómo dio con los jóvenes protagonistas?
Tenía claro que no podían ser actores profesionales. Estuvimos casi un año yendo de instituto en instituto por toda Euskal Herria, Madrid y Catalunya, y vimos del orden de 4.500 chavales hasta dar con Germán Alcarazu, que es de Zorroza, y Adil Koukouh, que es de Tetuán pero vive en Getafe.
Ninguno de los chavales se había puesto nunca delante de una cámara, y yo sabía que necesitaba esa frescura, que fueran ellos todo el rato. Durante el rodaje intentamos no supeditar la técnica a la naturalidad: los chavales eran libres, improvisaban... y nosotros hacíamos lo posible por seguirles con la cámara. Sabía que si los chavales no estaban bien, la película se iba a caer por todas partes.
Este es su segundo largo tras «Izarren argia» (2010), y el primero que rueda en solitario. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Muy satisfactoria. Cuando ruedas una película que es muy tuya, que nace de tus entrañas, con experiencias tuyas, te involucras de una manera brutal. Una de las cosas que más me gusta es trabajar con actores, y hacerlo con chavales no profesionales era un reto bastante grande. Nunca me había enfrentado a no actores. Y ha sido una gozada poder trabajar con ellos.
¿Qué recorrido tendrá la cinta?
En el Festival de Málaga conseguimos la distribución y se estrena en 45 salas de todo el Estado. También hemos vendido la película a diez países; está generando mucha expectación fuera y lo primero que estamos haciendo es lanzar la película. Después del estreno vendrá el tema de festivales, pero por ahora la respuesta está siendo buena para ser una película tan pequeña.
Al final del film aparece una dedicatoria a Álex Angulo, actor que participó en él.
Cuando estábamos terminando la película ocurrió lo que ocurrió y... Él ha supuesto mucho para esta película. Yo sabía desde el primer momento que había un personaje para él, un personaje que no suponía ningún reto interpretativo para él. Toqué su puerta humildemente hace seis años, él me la abrió y me dijo que creía que la película era necesaria y que quería ayudarme en todo lo que pudiese. Lo que él ha hecho durante todos estos años es ayudar, y solo puedo estar agradecido a todo lo que hemos aprendido con él y a todo el amor que nos ha dado dentro y fuera del rodaje.

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