Kike DE PABLO
Alpinista
Bobadas alpinas

Tiempos nuevos

La «comercialización» de las montañas tiene muy mala prensa, pero hay que admitir que es algo de lo que nos hemos beneficiado en algún que otro momento (o masivamente) la mayoría de los montañeros. ¿O acaso la verdadera montaña empieza en el portal de mi casa? En cualquier caso, los Alpes es un paradigma de su explotación comercial en su sentido más físico, no solo como idea o afición de la que se puede extraer beneficio económico.

El teleférico de la aguja del Midi es un clásico con sus instalaciones y amenidades, que a veces solo el paisaje no es suficiente. El otro gran ejemplo es el tren de la Jungfrau en el Gridelwald suizo, con sus 800.000 visitantes anuales. Su mirador en la mítica cara norte del Eiger y su estación superior sobre el glaciar mayor de Europa (3500m), con cine, restaurantes y boutiques de lujo, donde se puede comprar un reloj por 20.000 euros, son difícilmente superables. Ahora hay proyectos de un teleférico en V que pasará junto a la cara norte del Eiger, que hay que dar algo de morbo al turismo. Otro caso es el complejo de Diablerets, con su reciente pasarela abierta de 120m que une dos cumbres de 3000m y que da escalofríos de aérea emoción a los visitantes... Como dice con orgullo la Oficina Suiza de Turismo: «Nuestro capital es la Naturaleza, este universo de montaña único con sus 4000ms, sus glaciares, sus lagos» y no están los tiempos para tonterías. Las nuevas hornadas de turistas piden otras cosas. La Disneylización de la montaña lo llaman sus detractores.