02/02/2015

Juanma Sarasola rastrea Irun en el libro «Moskuko urrea»

«No es una recopilación de testimonios empapados de nostalgia». Es lo que afirma Juanma Sarasola Murgia, autor de «Moskuko urrea». un libro de 450 páginas que trata la frenética actividad cultural y social de la ciudad de Irun dunrante el decenio 1983-1993. Sarasola escarba en el amplio legado musical de ese periodo de tiempo, pero también amplia su visión a asuntos como el feminismo, las radios libres, el bertsolarismo, la autogestión... Denso y profundo.

Pablo CABEZA BILBO
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«Moskuko urrea. Kultur eta gizarte mugimenduen eztanda Irunen, 1983-1993» es el legado que deja Juanma Sarasola Murgia «Xaun», músico, irakasle y periodista, quien repasa a lo largo de 450 páginas de apretado texto la historia musical, social y cultural de su ciudad en un periodo de bullicio desconocido hasta el momento y donde Irun destaca frente a otras poblaciones de Euskal Herria equivalentes demográficamente.

El trabajo de Xaun es paciente, pues solo de esa manera se puede rastrear con tanta profesionalidad el decenio que trata. Es riguroso porque del todo va al detalle y es, a la par, panorámico, ya que no solo narra el acontecer musical del decenio, sino que investiga también sobre el feminismo, las radios libres, el movimiento antimilitar, la literatura, las tiendas de discos alternativas, la autogestión, el teatro, el bertsolarismo, la juventud... Todo ello dividido en capítulos y con el añadido de un buen número de imágenes de época donde no importa tanto su calidad, sino el significado y el homenaje a tantos y tantos protagonistas que dio la ciudad en ese histórico ciclo de tiempo.

Irun es el motivo, pero la localización es engañosa, pues todo lo que se cuenta sería extrapolable, en la medida oportuna, a decenas y decenas de pueblos de Euskal Herria que prolongaban su acción social y musical o debutaban en este ámbito. Irun es el ejemplo de lo que se vivió durante esa época en todo el país. Sin ese decenio nada sería lo que es o lo que es estaría muy lejos del punto de efervescencia, sin gas, que hoy se vive.

Nada es lo mismo actualmente, ni por medios ni por actitud, ni por carencias o infraestructuras consolidadas. Xaun no quiere hablar de nostalgia, pero no cabe duda de que quienes vivieron esos años echarán en falta en el presente la agitación de aquellos días, la sinceridad y llaneza de los actos, la falta de mercantilismo, la imaginación ante las las carencias, la lucha contra las numerosas prohibiciones, los primeros locales orientados hacia la música en directo, el agobio policial... Todo está en el espíritu de «Moskuko urrea» en su pequeño y apretado texto, que aun así no es más que una parte de lo que Juanma Sarasola llegó a recopilar.

Diferente

Al respecto del pasado y presente de la ciudad, el autor apunta que no percibe en la actualidad un ambiente similar al de aquellos años: «No lo veo, aunque haya iniciativas y proyectos cuyas raíces o comienzos estén o puedan estar en aquella época, como las fiestas de la zona de Mosku, organizadas por una activa comisión o el gaztetxe Lakaxita -no está en Mosku-, que se consiguió tras una larga travesía por el desierto y tras mucho trabajo hace diez años. Mosku sobrevive, pero las cosas han cambiado en muchos aspectos, sobre todo en el hecho de que ahora la realidad socioeconómica es diferente».

Xaun añade a esa visión los cambios de costumbres, la carestía de la vida y otras cuestiones que no son las mismas: «En los 80, pese a la crisis económica uno se podía arreglar mejor que ahora. Está la desidia del consistorio respecto a esa zona tan dinámica y molesta para él y las medidas restrictivas institucionales (horarios de cierre de bares, multas, exigencias de permisos para realizar actividades en la calle, denegación de tales en ciertos casos, represión y vigilancia policial, etc.). Pero yo creo que en cada época se intentan hacer las cosas haciendo frente a la escasez de recursos y a los obstáculos con imaginación, desparpajo y actitud positiva, y en eso el espíritu inconformista, transformador y creativo sigue vivito y coleando, aunque no tenga el eco y la onda expansiva que tuvo en los ochenta».

Inquietud

En cuanto al proyecto Juanma Sarasola apunta que acometió el libro «aguijoneado por las ganas de saber más sobre aquellas salsas que se cocieron en mi ciudad y en la mayoría de los casos durante mi adolescencia y juventud. Impulsado por las ganas de recoger en directo testimonios de cuantas más voces posibles. El haber sido testigo de varios ingredientes de aquellos hechos, y durante un tiempo también partícipe, fueron una motivación especial para mí. De hecho, además de ser espectador pasivo de muchos actos y producciones, durante una temporada también tuve mi rol activo y creativo, ya fuera en 1988 cuando hacía el programa musical Stornudo de Passion -pese al nombre, la locución era en euskera- en la radio libre Angula Irratia, ya fuera cuando cantaba y escribía las letras para el grupo de rock Auskalo, en su segunda etapa, entre 1991 y 1993».

Sarasola comenzó a escribir «Moskuko urrea» en el verano de 2011, donde plantea el esquema que le guiará. A comienzos de octubre de inicia las numerosas entrevistas que aporta el libro, los textos de la introducción y las entradas a las secciones. «Las preguntas y respuestas se convirtieron en conversaciones a veces informales y con una duración de dos o tres horas. Después, y tras redactar y editar todo, tuve que recortar mucho, tarea que terminé en la primavera de 2014».

Tres años, por tanto, de intenso trabajo (alrededor de cincuenta entrevistas, entre otros focos de información) con el fin de exponer de la mejor manera posible todas las dinámicas, en especial la musical, con bandas como Kortatu, Vómito, Antirégimen, Baldin Bada, Caid Deceit.. como protagonistas de ese «oro» alrededor del barrio de Mosku.