Antonio Alvarez-Solís
Periodista
AZKEN PUNTUA

El precariado

Habrá que leer despacio al economista británico Guy Standing, inventor de la institución lingüística del «precariado». El «precariado» lo forman los ciudadanos y ciudadanas que viven en la inseguridad social por carencia de un verdadero empleo. El «precariado» viene a sustituir de alguna forma al proletariado de los siglos XIX y parte del XX. Se trata de una simple palabra, pero tiene magia. No olvidemos que toda la creación surgió de un único vocablo, el «fiat», el «hágase». El ser humano se mueve fundamentalmente por el espíritu y el espíritu es asimismo una advocación, una invocación, un nicho de posibilidades de vida. El Sistema que muere también fue el fruto de un concepto, el capitalismo, que funcionó con el poder de un espermatozoide al penetrar el óvulo de una nueva concepción económica.

Las revoluciones surgen de ese momento tempestuoso en que la vida precisa de otra forma para perpetuarse. Pero la revolución exige un canon, un signo, un nombre que aglutine las fuerzas dispersas. El «fiat» que genere el cuerpo común revolucionario. El proletariado constituyó el marco en que se horneó una clase que necesitaba ser consciente de si misma: «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!». Esa clase creó la alternativa sucesoria, pero se necesitaba algo más amplio que el obrerismo frente al neocapitalismo salvaje; una alianza que acogiese más agentes sociales. Así ha nacido el precariado, la fusión de capas sociales que ha dado unidad al oceáno de movimientos liberadores que está generando la nueva sociedad. Ahora ya existe esa fusión, ese «fiat» revolucionario, con su proyecto de sociedad y su nuevo lenguaje económico. Dice Standing que Syriza ha dado nombre a la reacción en cadena ¿Otra vez Grecia?