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Triple atentado en la capital cuando Bagdad quiere vender «normalidad»

Al menos 36 personas murieron y un centenar resultaron heridas en tres atentados -al menos uno protagonizado por un kamikaze- en Bagdad. El primer ministro iraquí, Haider Al Abadi, había ordenado el levantamiento del toque de queda nocturno, vigente desde hace más de una década, a partir de la pasada medianoche para restablecer en la medida de lo posible «la normalidad» pese «a la guerra».

Se teme que el número de víctimas mortales pueda aumentar, debido a la gravedad de algunos de los heridos.

El primer atentado, el más mortífero, llevado a cabo por un kamikaze, tuvo lugar hacia las 11 de la mañana en un restaurante del barrio chií Nuevo Bagdad, en el sudeste de la capital. «Entró en medio de la multitud de comensales. Gritó `Allah Akbar' y explotó», ha contado un testigo.

Otro ataque causó al menos cinco muertos y 13 heridos en un centro comercial en el corazón de la capital iraquí. Otra bomba estalló en el barrio bagdadí de Dura, causando varias víctimas.

Pese a la frecuencia de los ataques en Bagdad, el primer ministro iraquí, Haider Al Abadi, ordenó el levantamiento del toque de queda nocturno a partir de la medianoche de ayer, para restablecer en la medida de lo posible «la normalidad» pese «a la guerra».

Las cafeterías y restaurantes, que podrán permanecer abiertos pasada la medianoche, contaban con una mayor actividad gracias al final del toque de queda. El ataque de ayer tomó como blanco, simbólicamente, uno de ellos.

El toque de queda había sido instaurado para intentar «frenar la violencia», que se intensificó considerablemente desde la invasión estadounidense. Las horas variaron a lo largo de los años y últimamente estaba en vigor desde la medianoche hasta las 5:00 de la mañana.

Según un comunicado de su oficina, Abadi ordenó además la reapertura de calles importantes de la capital «para facilitar la circulación de los ciudadanos» y que los barrios de Azamiya y Kazimiya (norte) sean «zonas desmilitarizadas». Los retenes del Ejército y de la Policía en Bagdad causan atascos, lo cual acaba exasperando a la población.

En el norte y el oeste del país, donde el Ejército y las fuerzas kurdas intentan apoderarse de las zonas conquistadas por los yihadistas del EI, se halló una nueva fosa común con los restos de 23 hombres de la minoría yazidí, informó el portavoz del Ministerio de los Mártires de la región autónoma del Kurdistán iraquí, Fuad Othman. La fosa fue abierta el viernes cerca de la aldea de Bardiyan gracias la información facilitada por un vecino de la zona. Othman precisó que las víctimas murieron por impactos de bala y algunas estaban maniatadas.

El domingo pasado, los peshmergas kurdos hallaron los restos de cuerpos de 25 yazidíes (hombres, mujeres y niños) en una fosa común situada más al sur, cerca del Monte Sinjar, un bastión de esta comunidad.

Según Othman, decenas de cuerpos se hallan en otra fosa común en el sector de Hardan.

La minoría yazidí ha sido blanco predilecto de los yihadistas, que ejecutaron a hombres y secuestraron a cientos -quizá miles- de mujeres, vendidas como esposas a sus propios combatientes o convertidas en esclavas sexuales, según Amnistía Internacional (AI).

El grupo yihadista ha cometido numerosas atrocidades en los territorios que controla en Irak y en la vecina Siria. Con el objetivo declarado de acabar con esa realidad, las fuerzas militares estadounidenses y sus aliados efectuaron entre el viernes y ayer 11 ataques aéreos en Siria, y otros 15 en Irak, según informó la Fuerza Combinada de Operaciones de EEUU. En Irak, un bombardeo destruyó cerca de Baiji una unidad táctica, dos edificios y un vehículo de los yihadistas. Cuatro ataques golpearon un cuartel general del EI cerca de Qaim, y otros cuatro destruyeron 31 vehículos pertenecientes a los yihadistas en las proximidades de Mahkmur. El resto de bombardeos tuvieron lugar cerca de Kirkuk, Mosul y Tal Afar y arrasaron tres búnkeres, una posición de mortero y cuatro barcos del EI.

La guerra ha causado ya más de 210.000 muertos en suelo sirio

La guerra en Siria ha causado 10.000 muertos más en los últimos dos meses, por lo cual ya son más de 210.000 las víctimas mortales de la superposición de conflictos que padece el país árabe en cuatro años, según hizo saber ayer el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

«Desde marzo de 2011 hemos contabilizado la muerte de 210.060 personas, de las cuales unas 10.000 fallecieron en diciembre (2014) y enero (2015)», afirmó el OSDH. A causa del conflicto, han muerto «65.146 civiles, entre ellos 10.664 niños», manifestó a la prensa Rami Abdel Rahmane, director del OSDH.

Las fuerzas rebeldes sufrieron 38.325 bajas entre los combatientes sirios y 24.989 entre los extranjeros. De los muertos de las fuerzas assadianas, 45.385 pertenecían al Ejército, 29.943 a las fuerzas paramilitares, 640 eran combatientes del movimiento chiita libanés Hizbullah y 2.502 milicianos chiitas oriundos de otros países. Un total de 3.130 cuerpos todavía no han sido identificados. El balance «es seguramente más elevado que los 210.000 muertos contabilizados debido a que hay una gran cantidad de desaparecidos cuya suerte se ignora», dijo Abdel Rahmane.

Por otra parte, en las cárceles del Gobierno hay 20.000 personas, que son consideradas como desaparecidas. «Cada día tenemos la prueba de detenidos por el régimen que mueren bajo la tortura», precisó el director del OSDH.

Además, se ignora el paradero y la suerte corrida por miles de civiles y combatientes de ambos bandos que fueron secuestrados. GARA