Ingo NIEBEL Historiador

El partido euroescéptico alemán se consolida para entrar a más instituciones

En su reciente congreso en Bremen, la Alternativa para Alemania (AfD) ha reforzado la posición de su máximo representante, Bernd Lucke, quien a finales de año va a liderar en solitario al nuevo partido. Aún queda por decidir el programa de la AfD y la pugna interna.

Dentro de un mes, la ciudad estado de Hamburgo podría ser el primer land occidental donde la AfD logra entrar en el hemiciclo regional, si supera el límite del 5%. Los sondeos sitúan a la formación, que irrumpió con fuerza en el paisaje político alemán en la elecciones europeas del año pasado, en el 6%, lo cual son dos puntos por delante de su principal rival, el Partido Liberaldemocrático (FDP).

Mientras los liberales luchan por su supervivencia, la AfD aún tiene mucho por ganar. Su mera presencia en esos comicios hace peligrar la mayoría absoluta del Partido Socialdemócrata (SPD), que podría obtener el 44% de los votos.

Pero la AfD lo tiene difícil en la villa portuaria porque compite con el SPD, el FDP, la CDU y los Verdes (13%) en el ambiente burgués característico de Hamburgo.

Sus socialdemócratas pertenecen tradicionalmente al ala derecha de su partido y por eso no extraña que trate con mano dura a la gente, sobre todo a los inmigrantes.

Relaciones con Angela Merkel

En 2014 el SPD estableció una especie de estado de excepción sobre aquellas zonas donde se habían producido enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes que defendían el emblemático centro del movimiento okupa, la Rote Flora. Después de dar ese palo, los socialdemócratas sacaron la zanahoria y zanjaron el conflicto buscando una solución negociada.

De esta habilidad carece la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que actualmente llega sólo al 22%, y que encima tiene a la AfD a su diestra. Hasta ahora el partido de la canciller Angela Merkel opta por ignorar a los euroescépticos pero quizás, en el lustro que durará la nueva legislatura, cambie de actitud si decide que sólo con el apoyo de los ahora ninguneados puede volver al poder.

Para diferenciarse de su rival conservador, la AfD va a las posiciones extremas reclamando el cierre de la Rote Flora, sabiendo de antemano que esa idea puede reabrir el viejo conflicto y dar más votos al partido izquierdista Die Linke (9%).

Pero el proceso de cohesión de la AfD va más allá de esos comicios municipales. Se centra en su nueva estructura y en el futuro programa que debe garantizarle un apoyo electoral de las clases media y media baja que temen por su actual status social.

Desaparecen los coportavoces

En este camino el congreso de Bremen, al que asistieron unos 1.700 miembros, tomó una decisión fundamental cambiando el reglamento tal y como lo ha reclamado su actual portavoz, Bernd Lucke. Se va a quedar sólo al frente del partido porque van a desaparecer los coportavoces. «Muchas gracias, ustedes han salvado al partido», dijo el catedrático de Macroeconomía. El resultado no gusta a sus todavía dos coportavoces, Frauke Petry, de Sajonia, y Alexander Gauland, de Brandenburgo.

Ambos no sólo cuestionan el liderazgo de su compañero sino también el rumbo político que la AfD podría tomar en el futuro. Para finales de este año la formación quiere contar ya con un programa de partido. Tanto Petry como Gauland obtuvieron buenos resultados en sus respectivos estados federales, situados en el este alemán. A principios de enero llamaron la atención cuando entablaron conversaciones con el movimiento islamófobo de los denominados Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (PEGIDA). La semana pasada, Petry y Gauland dieron un paso atrás cuando se descubrió que uno de los organizadores de PEGIDA, Lutz Bachmann, se había disfrazado de Hitler y que había arremetido verbalmente contra extranjeros desde su página de Facebook.

Los dos coportavoces integran lo que se llama la corriente «nacional conservadora» de la AfD. Ésta se caracteriza no sólo por su cercanía a PEGIDA, sino también por una posición prorrusa que se opone al respaldo que Lucke y su grupo de europarlamentarios han dado a las sanciones de la Unión Europea contra Rusia. Desde entonces, el jefe de la AfD es considerado como la cabeza visible de los «transatlánticos», una corriente que existe también en los demás partidos políticos y que busca la alianza con EEUU.

42.000 soldados de EEUU

He aquí el otro punto de la discordia interna de la AfD porque los «nacional conservadores» abogan por la recuperación de la soberanía nacional ya que consideran su país aún como ocupado por los 42.000 soldados estadounidenses desplegados en Alemania.

Dicha visión choca con la de Lucke, que ya hace un año se inclinó por el libre comercio con EEUU. Su correligionario, el expresidente de la Federación Alemana de Industria (BDI) y también europarlamentario, Hans-Olaf Henkel, precisó entonces dónde tendría que ubicarse políticamente la AfD: «La CDU ha patinado hacia la derecha, y el SPD en dirección al Linke; nosotros tenemos un programa para el centro». Por eso ha rechazado los guiños hacia PEGIDA distanciándose de cualquier forma de xenofobia, aunque el propio Lucke defiende a ese movimiento ante las críticas de Merkel, eso sí, cuando le conviene. Dado que los islamófobos están inactivos por su grave crisis interna, la AfD puede centrarse en sus asuntos internos y en las elecciones de Hamburgo.