Los Wachowski se pierden en sus mundos paralelos

Debería haber una ley no escrita que impidiera a los hermanos Wachowski manejar presupuestos millonarios en lo que les quede de vida, después de ver lo que han hecho con más de 150 millones de dólares en «Jupiter Ascending». O eso, o dedicarse para siempre al diseño de videojuegos, ya que su nueva superproducción fantástica está más cerca de ese mercado que del cinematográfico. Andy y Lana se convierten con su nueva superproducción fantástica en la caricatura de sí mismos, como si estuvieran realizando la parodia involuntaria de «Matrix», al estilo de las que aparecían en el show televisivo de José Mota.
«Jupiter Ascending» son dos horas y media de mortal aburrimiento, en el que únicamente te puedes distraer cogiendo ideas para el disfraz de este año, ya que el diseño de personajes es un interminable desfile de carnaval. Ahora se descubre todo el pastel, porque Warner había retrasado el estreno de la película, al tener que remontar escenas por lo negativo de los primeros test con público, y de los segundos, y de los terceros...
No hay manera de arreglar semejante desaguisado, porque el guion es una memez de proporciones interplanetarias. Los universos paralelos de los Wachowski ya no dan más de sí, y aquí nos salen con el cuento de «La Cenicienta» en supuesta clave de ciencia-ficción, porque me niego a admitir que esto sea ciencia-ficción. Lo único que se les ocurre es poner nombres absurdos a las cosas, que si Abraxas, que si tal. Los diálogos son de parvulario, y solo sirven para alargar las risibles situaciones ¿dramáticas?, que se van compaginando con la acción: surf o skate aéreo con patines antigravitatorios en medio de explosiones y luminosos tiroteos color chillón de discoteca hortera. Y que no falten las imágenes de los movimientos de lucha congeladas, marca de la casa.
En el capítulo interpretativo es imposible saber quién lo hace peor, si Mila Kunis, Channing Tatum o Eddy Redmayne, que esta vez no va en silla de ruedas. A ella se le nota demasiado que nunca ha limpiado un inodoro con escobilla.

Grandes corporaciones han acogido a agentes de las «cloacas del Estado»

Ordenaron parar citas con casos de Iztieta y hubo peticiones de silencio

La marcha de Tubilla destapa la enorme marejada en las filas del PNV

«Necesitamos la foto más completa posible de la tortura sistemática»
