Polo no convence a la fiscal con su tesis de un complot para cazarle ebrio
El exconcejal de Seguridad Ciudadana de Iruñea, Ignacio Polo, fue juzgado ayer por haber tenido un accidente con un coche público el domingo 20 de abril. Polo chocó contra otro vehículo al desaparcar y dio positivo en el alcoholímetro. La polémica decisión de la Policía Municipal de no procesarlo por un delito y dejarlo en una multa fue recurrida por sindicatos policiales y Kontuz, que ve posible trato de favor.

Polo reconoció ayer ante la juez que el 20 de abril pasado se fue de vinos («dos o tres»), después se bebió otra botella a medias con un amigo mientras comía y remató la sobremesa «con un combinado de ron con cocacola». Salió del restaurante a las seis de la tarde y una media hora después cogió el coche. Cuando echó marcha atrás golpeó una furgoneta con tanta fuerza que la desplazó unos metros. Eso sí, sostuvo que el accidente no se debió a la ingesta de alcohol, sino a que se dio un susto al ver que había «policías agazapados» a su alrededor.
La versión ofrecida por el exconcejal y máximo responsable político de la Policía Municipal no convenció a la fiscal, que mantuvo sin variaciones su petición de pena: 4.050 euros de multa y la retirada durante dos años del carné de conducir. Por su parte, las acusaciones particulares (ejercidas por el sindicato policial APM y la Asociación Kontuz) elevan la petición a tres años de retirada de carné y penas de cárcel de entre 6 y 10 meses. En últmo término, la defensa entiende que los testimonios de los agentes que fueron testigos de lo sucedido son mentira y que, por tanto, no sería un delito sino tan solo una falta administrativa.
Cabe recordar que al concejal se le realizaron tres pruebas etilométricas distintas. La primera, indiciaria, ofreció un resultado de 0,65 miligramos por litro y motivó su traslado detenido hasta comisaría. La segunda y tercera fueron de precisión y los resultados fueron llamativos: 0,75 y, solo 20 minutos después, 0,64. En principio, conducir bebido es delito cuando se supera el 0,60. No obstante, como existe un margen de error de 0,05 en las mediciones y dado que en la última, corrigiendo la desviación, no llega a los 0,60 (se queda en 0,59), en este caso se necesita la concurriencia de otros indicios de embriaguez para que se acredite el delito. Y ahí nace la teoría del complot a la que se agarró la defensa.
Dos bandos, dos versiones
Los agentes que intervinieron en la calle relatan una serie de incios complementarios que describen a una persona muy ebria. No supo encontrar los papeles del coche, se le cayeron las llaves y no las veía, se dio un coscorrón contra la puerta cuando se agachó a por ellas, etc. Además, aseguran que tenía «habla pastosa» y olía a alcohol hasta tal punto que tuvieron que abrir la ventanilla del furgón del traslado. Cuando se les preguntó a ver si se habían acercado hasta el concejal «agazapados», respondieron que no.
Esta versión contrasta con la que ofrecieron los policías que recibieron al concejal en la comisaría. Ellos le vieron sereno, en plenas facultades. Es más, tan bien le vieron que todos dijeron sorprenderse de que hubiera dado unos resultados tan altos en las pruebas de alcohol.
Detrás de ambas versiones se esconden los dos bandos existentes en la Policía Municipal. Cuando terminaron de declarar, los testigos se quedaron en la sala de vistas. Los que aseguraban que mostraba síntomas de embriaguez se sentaron juntos. Por contra, los que defendían que no se le notaba se sentaron bien cerca del exjefe del Cuerpo, Simón Santamaría, y del comisario conocido por el alias de «Pochefo», que vigilaban todo desde la última fila.
La defensa, por otro lado, esgrimió como prueba de descargo unos vídeos en los que aparece el concejal y no se ve que vaya dando tumbos. Además de ello, presentó unos informes en los que se apuntaba a que los agentes que lo interceptaron pudieron dejar que cogiera el coche para luego sancionarle. No obstante, estos informes quedaron muy en entredicho por haber sido elaborados por el agente de más rango que participó en la decisión de que todo se quedara en multa (el Jefe de Sala, máximo responsable del cuerpo esa noche). En concreto, se emitió un informe de cara a expedientar a los agentes que detuvieron a Polo y lleva la firma de ese Jefe de Sala.
El accidente que tuvo Polo no fue tan pequeño como pareció en su momento. De hecho, fue tan fuerte que desplazó a la camioneta con la que chocó e hizo que golpeara también una valla, produciendo daños en la parte delantera y en la posterior. El abogado de la defensa dijo que igual no tenía puesto el freno de mano.
Santamaría se ha marchado, pero quedan sus demandas
Simón Santamaría, el jefe de la Policía Municipal que ha marcado un antes y después en Iruñea, se fue después de que los escándalos a su alrededor arreciaran este último año. Dejó las riendas del cuerpo en un policía afín pero sin tanta exposición pública. No obstante, Santamaría, que ha vuelto a hacer los papeles de reingreso al Ejército (al menos desde un punto de vista administrativo), seguirá dando titulares. Si el juicio celebrado ayer deriva en una condena por delito a Polo, es posible abrir una nueva fase de instrucción en la que se vaya contra él por no haber castigado como se debe a su concejal y jefe. Por otro lado, tiene otra causa pendiente por otros siete delitos, entre los que destacan los acosos laborales a varios trabajadores, que también se encuentra en fase de instrucción, si bien es cierto que parece que las investigaciones se están dilatando bastante. A.I.

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