12/02/2015

Sergio Ordóñez Gorostiza «Patxuko»
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Las huellas musicales de Sergio Ordóñez «Patxuko» aparecen por primera vez en 1990 como componente de Latitud Cero. Veinticinco años después continúa grabando e integrándose en nuevos grupos. Tras abandonar Esne Beltza el año pasado -demasiado estrés- el vocalista es actualidad con Patxuko Nice y el disco «435.0», que se presenta hoy en Bilbo junto a Lurra.

«Cuando camino me paro y descanso. Hay otros paisajes, cambio de dirección...»
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A finales de octubre de 2013 se presentaba el cuarto disco de Esne Beltza, «Gora!», y 5Gora, la discográfica propia. Entre otras referencias, el año pasado el sello editaba el nuevo álbum de Lurra, «Akatsa sisteman» y el debut discográfico de Patxuko Nice y su álbum «435.0». Ambos grupos y sendos discos cambian la portada por un zuzenean, ya que mañana, a partir de las 21.30 ambos proyectos convergen en la fiesta que 5Gora organiza en Kafe Antzokia de Bilbo. Lurra es la intimista visión de la música de Iñigo Muguruza y Patxuko Nice es el bullicio, la tranquilidad, la fusión, de cinco músicos experimentados que debutan con uno de los discos más curiosos y mejor ambientados del año pasado. Un álbum, como el de Lurra, que son también para 2015.

«435.0» no es ninguna digitación propia del software o alguna clave similar. Es sencillamente el peso de los cinco componentes antes de las cervezas. Sus doce canciones se gestionan entre el rock, el pop, la nueva ola, el ska y varios ritmos sacados desde el rock de Veneno hasta la tristura agradecida de unos Secretos junto a Dr. Feelgood/Talking Head... y mucha reverb. De primeras, no parece que esto pueda terminar en un paquete coherente, de lógica. Y en el terreno de estas dudas es donde entra la magia de Patxuko Nice, capaces de unir cada teja de tal forma que no entre ni quepa una sola gota. En «435.0» lo que destaca en tan solo una primera escucha es la calidad de las composiciones y su estratégica habilidad para camuflar y unir decenas de ritmos y estilos. A esto se le añade una buena capa de acertados arreglos, con las guitarras luciendo colores poco vistos y, aún así, tan llamativos como delicados. El resultado no es otra historia que una homogénea mixturación de todo lo imaginable. Increíble, pero les sale de maravilla.

La banda está formada por Ernesto Villar guitarrista de Hondarribia, miembro de grupos como Orgasmic o &The Fans. El bajista es Dafnis Linares, nacido en Ciudad de México, que ha estado tocando con Zona 13, Lolas Club y &The Fans. Eneko Fernández, de Hondarribia, batería del grupo Luz de Putas, Jon Mari Beasain, de Hernani, guitarrista de Etzakit, Mal de ojo, Laket y Esne Beltza. Y Sergio Ordóñez, de Irun, vocalista, y al que le contabilizamos desde 1990 nada menos que el paso por diez formaciones, de las que destacan Joxe Ripiau, Ziza Teh, The Solanos, Esne Beltza y este Patxuko Nice.

Si la historia de Patxuko Nice trasciende más allá de «nombre elegido de una lista de posibles», seguramente será una historia reseñable.

Patxuko [en origen pachuco] es el nombre con el que se llamaba a los estadounidenses de origen mexicano allá por los años 20. Tenían una forma muy peculiar de vestir, oían boogie, swing, mambo, junto con otros localismos. En la época de los 40-50 eran bandas de la frontera... El alias me lo puso Iñigo Muguruza en los días de Joxe Ripiau. Siempre me cantaba la canción de Maldita Vecindad «Tú también fuiste pachuco». Nice, en la pronunciación inglesa («naiz») es el soy en euskara («soy patxuko»). En inglés sería «agradable Patxuko». El nombre de la banda no lo decidí yo, fue un consenso del grupo, quizá porque se conoce un poco mi alias y apuntaban que ya tenía un camino recorrido. Y así quedó, aunque a mí me sigue pareciendo un poco egocéntrico.

Usted comenzó de muy joven a tocar una caja y un chaston, todo a partir de un regalo familiar.

Mi padre, Ángel, quien a sus 73 años acude a nuestros conciertos a vender nuestros discos, era batería en Donostialdea en los 60, tocaba en The Lords y más tarde en Los Diablos Rojos. Sí, con solo siete años me regaló una caja y un chaston.

En el disco las guitarras juegan mucho con la sonoridad, es un sonido prevalente, muy visual, enriquecedor...

Realmente el impulsor de la banda es Jon Mari Beasain [Esne Beltza]. Él es quien me convence para crear la banda. Siempre ha prestado mucha atención en las giras a las ideas que yo tenía. Bueno, él y un almacenero que se llama Albaro al cual le había pasado una maqueta de un proyecto anterior llamado Rufus Rei y me decía que tenía que hacer algo con eso. Se la pasó a Ernesto que, como yo, también es fontanero, quien me dijo que no era su estilo, pero que le parecía sincera y que igual le interesaba. Él no sabía nada de mis bandas anteriores ni me conocía casi. Ernesto trajo a Daf, bajista de &The Fans. A Eneko le conocí en un concierto de Luz de Putas en el que me habían invitado a cantar. Yo quería hacer algo más sencillo, de andar por casa, pero aquí estamos y contentos. Cada uno, cierto, con su pedrada, pero con mucho respeto entre nosotros. Jon y Ernes son dos guitarras de estilo muy diferente. Jon Mari lleva el peso y Ernes es quizá el que se encarga de ir pintando todo ese peso.

Tiene familia y los fines de semana le gusta correr por los montes... Y dejó Esne Beltza.

Todo empieza porque tiene que empezar y acaba porque tiene que concluir. Cuando camino me paro y descanso. Hay otros paisajes, cambio de dirección, retomo los pasos, me vuelvo a parar. Sí, tengo familia. Ahora los fines de semana corremos por los montes y escuchamos el viento o hacemos cabañas. Así de poético, así de real.

Como poéticas son las letras, escritas por bolis con mucha tinta, sensibilidad y talento: Jon Garmendia, Jabier Muguruza, Quim Moya...

Hemos tenido mucha suerte con los escritores. Yo soy euskaldunberri. Parte de mi vida la hago en euskara, pero mi lengua madre es el castellano y es como mejor expreso mis emociones. Para el euskara recurrí a amigos como Jabier Muguruza, Jon Garmendia Txuria, Oier Guillan... El dibujante Quim Moya, etc. Les comenté mis alegrías y mis temores: y me entendieron.

«1000 bider» es una de las canciones pop más luminosas en tiempo, llegan otros ritmos y no se cortan con dos baladas delicadas, muy especiales, «Isil zaitez» y «Vuelve a mí»

«1000 bider» se me ocurrió en casa escuchando a OMD, soy un grandísimo fan de los 80. Daf tenia un tecladillo y Ernes, para nuestra sorpresa, nos dijo que era acordeonista. Se me iluminaron los ojos. Y tocó esa melodía con el teclado. Yo «Vuelve a mí» lo veo más cercano a Antonio Vega o a Los Secretos [lo puntualiza porque le insinuamos que tiene un aire a Maná por su lado más lírico]. En cualquier caso, con que se acercase tan solo a la A de Antonio o a la S de Los Secretos, contento. No obstante, al local las canciones llegan de una manera y salen de otra.