26/02/2015

Joxemari Olarra Agiriano
Ezker abertzaleko militantea
Confrontación y choque de soberanías

En todo escenario de conflicto en el que se busca el logro de unos objetivos políticos que transformen la realidad, es imprescindible tener bien claro cuál es el eje sobre el que gira el contencioso. Y mucho más aún si se trata de un proceso popular en el que la sociedad es la energía del cambio, y no unas élites del tipo que fueren.

El conflicto que viene manteniendo Euskal Herria con los estados español y francés está siendo muy prolongado en el tiempo y ha transitado por diferentes fases afectando a generaciones de vascos. Sin embargo, el objetivo de la lucha siempre ha permanecido invariado: la recuperación de la soberanía nacional y la integridad territorial. Lo mismo hoy que hace decenios y siglos, los vascos hemos venido luchando por la recuperación de la soberanía arrebatada, un combate en el que seguimos a estas alturas de la historia porque jamás renunciaremos a ocupar el lugar que nos corresponde en una Europa de la que somos una de sus raíces más profundas, antiguas y dignas.

Así pues, estamos, seguimos estando en un conflicto de soberanías, entre unos estados que no nos reconocen y un pueblo que quiere ser dueño de su palabra y de su porvenir. Este es el núcleo del contencioso, de la causa vasca.

España nos viene diciendo por activa y pasiva que no está dispuesta a aceptar el derecho a decidir de los ciudadanos vascos -y catalanes- porque no hay más soberanía que la que reside en el conjunto de los españoles. Por nuestra parte, los vascos no vamos a reconocer otra soberanía que la que emane de la propia voluntad de Euskal Herria y sus ciudadanos, lo que nos lleva inevitablemente a un momento de colisión que tenemos que preparar y afrontar de tal manera que nos conduzca a la independencia.

La pertinaz obstinación del Estado español en no admitir el derecho de la sociedad vasca a expresar libremente su voluntad y decidir sobre su futuro nos coloca, así, en un escenario de confrontación. Siendo esta la realidad, se nos hace imprescindible una estrategia general eficaz que represente un camino propio para la soberanía; la euskal bidea que nos dirija a la victoria. La activación popular y la acumulación de fuerzas serán, en general, los dos elementos fundamentales de esta confrontación democrática por los derechos de Euskal Herria.

Como ya tenemos comprobado de manera suficiente, el Estado español no va a renunciar a la unidad de España, y su intención manifiesta es seguir imponiendo su voluntad sobre la de los ciudadanos vascos. Para ellos no existe en modo alguno ningún ejercicio de soberanía que cuestione o pretenda superar lo consignado en su Constitución; esto es, que la soberanía reside en la nación española. No puede haber otro sujeto de soberanía ni otra nación que la española.

Esta postura de intransigencia define un terreno en el que el choque con el Estado resulta inevitable ya que no dejan otro camino que la ruptura. Porque la negación de Euskal Herria que históricamente han esgrimido sin razones difícilmente la rectificarán ahora con ello. Han establecido que la supremacía de España campa sobre la voluntad de la nación vasca, por lo que cuanto más avancemos en el camino de la emancipación, de nuestra euskal bidea, más claro se hará el choque.

La tarea, así, es superar esa negación llevando la confrontación democrática; y en ello, la desobediencia civil se convierte en un recurso de inestimable valor. Su efectividad está demostrada en toda estrategia de carácter popular, cuando la ciudadanía se pone en pie para defender sus derechos. La desobediencia es herramienta de este nuevo ciclo político y debemos articularla con inteligencia para optimizar su eficacia.

Por otro lado, entrando en el marco de un choque de soberanías, será también necesario desarrollar la puesta en práctica de la nuestra frente a la impuesta por el Estado en cualquier ámbito. Ante decisiones emanadas de España, que ninguneándonos como pueblo nos caen como mandamientos, debemos contraponer la práctica de nuestras propias decisiones soberanas, y hacerlo en toda área y a todo nivel.

La confrontación democrática es, así, abrir brecha al paso de nuestra soberanía llevando a cabo ejercicios de soberanía, manifestaciones de la voluntad de la sociedad vasca frente a la negación e imposición del Estado. Así iremos haciendo añicos muchos muros y abriéndonos a espacios mucho más amplios, lo que facilitará el camino y acelerará el proceso de recuperación de nuestra soberanía nacional e integridad territorial. Vamos inexorablemente a un escenario de colisiones democráticas por la soberanía en el camino de la emancipación. Esta estrategia debe abarcar todos los espacios, desde la proximidad de los pueblos al conjunto de las instituciones, extendiéndolo de forma progresiva, para que sea más eficaz, y siempre al amparo del impulso de la sociedad, pues no olvidemos que se trata de un planteamiento de músculo popular.

El Estado va a tratar por todos los medios de condicionar este ineludible escenario llevándolo a terrenos más adecuados a sus intereses, y así neutralizar los pasos o incluso, si pueden, abortarlos de raíz. Sabedores de ello, tenemos que conseguir que esos choques democráticos se produzcan en los tiempos y condiciones más favorables para los intereses de los ciudadanos vascos, sin caer en las trampas del Estado y sus acólitos ni el juego de distorsiones interesadas que provocan los medios de difusión afines.

Es importante elegir y preparar bien cada marco de confrontación democrática para ir avanzando en la vía vasca a la soberanía. No está de más insistir en que la energía popular es la que debe mover todo el proceso, y recordar que sin un pueblo en marcha no puede haber una estrategia independentista. Por eso, la activación popular de la sociedad vasca es una tarea en la que poner un énfasis particular.

Los ciudadanos se tienen que sentir no solo parte del proceso sino protagonistas del mismo. Porque lo son. Este es un factor fundamental para que la euskal bidea tenga éxito y vayamos alcanzando los objetivos marcados en cada momento; para ir avanzando paso a paso hacia la soberanía y la independencia. Agrupar a toda la ciudadanía posible, y más aún. Ser cada vez más y más activos, más determinantes, más comprometidos, más decididos a alcanzar la victoria. Aquí residen las claves.

Es una realidad que la sociedad vasca ha cambiado mucho en los últimos lustros y que por muy diversas circunstancias articular y organizar todo el potencial que se necesita no es tarea fácil. Y somos conscientes de que hoy en día no podemos realizar esa labor desde los mismos planteamientos y esquemas del ciclo político anterior.

Ha cambiado Euskal Herria, la ciudadanía, el contexto general en el que se desarrolla el conflicto. Por eso deben de cambiar las formas en que desde la izquierda abertzale nos dirigimos a la sociedad y a nuestra gente para ponerla a trabajar, para que nuestro mensaje cale como debe en los parámetros actuales de la vida del pueblo vasco.

Todo ello pone sobre el tapete la necesidad de llevar a cabo un debate sustancioso y profundo sobre el movimiento popular que necesita la Euskal Herria contemporánea y sobre cómo fomentar y desarrollar una dinámica popular en pueblos y ciudades que agrupe y active la gran mayoría social que necesitamos para transformar la realidad.

Precisamos de una gran mayoría social, política e institucional. Para lograrlo es imprescindible trenzar alianzas, pero no como objetivo en sí mismas sino como vía para poder llegar antes y mejor a los objetivos políticos marcados. Algunos de esos compañeros de viaje serán de carácter estratégico mientras que con otros haremos tan solo uno o varios trayectos de la ruta. Unos y otros son imprescindibles para llegar a buen puerto.

El nuevo ciclo político nos exige, precisamente, buscar alianzas en todo ámbito y nivel de la sociedad porque aspiramos a una hegemonía política que haga posible el salto. El objetivo de alcanzar espacios de entendimiento, acuerdos y líneas de actuación en común pretende dar forma a esa gran mayoría popular, energía del proceso.

Sabemos que no hay fórmulas mágicas para lograr la confluencia necesaria; no las hay para trenzar las alianzas deseadas, por lo que en cada circunstancia se tendrá que analizar y decidir con quién y en qué condiciones se hacen y para qué tramo del camino. Hay que hacerlas y avanzar con la gran mayoría de la sociedad hasta la recuperación de la soberanía, del legitimo derecho que nos corresponde a decidir nuestro futuro. Avanzaremos por la euskal bidea a pasos que unas veces serán cortos y otras largos, rápidos, más pausados... pero siempre adelante hasta volver a colocarnos en la cima del orgullo y la dignidad nacional. Porque no hay nada más ilusionante y digno que luchar por ser dueño del propio futuro.