M.I. DONOSTIA

Con «Ex machina» nace la versión femenina de Frankenstein en la era digital

El guionista inglés Alex Garland («28 días después», «Sunshine», «Nunca me abandones» o «Dredd») se ha convertido en uno de los autores cinematográficos de ciencia-ficción más solicitados, lo que le ha permitido debutar en la dirección con todas las garantías y rodeado de la máxima expectación. Para su ópera prima ha sabido medir, sin embargo, los riesgos. Ha utilizado un muy ajustado presupuesto de 11 millones, demostrando una vez más que, cuando se tienen las ideas claras, se puede hacer futurismo con tan solo un decorado y tres personajes.

Pero desde el punto de vista genérico «Ex machina» tiene un aliento clásico, habiendo sido recibida como la versión femenina de Frankenstein para la era digital. También invoca el mito de Pigmalión, con el creador que moldea a su criatura dentro de una relación endogámica. Sería así de no haber un tercero en discordia, ya que el gran ingeniero informático que experimenta con la Inteligencia Artificial invita a uno de sus empleados más prometedores, un joven programador, para que visite su centro de investigación y participe en un test de Turing con su nueva y bella robot. La cuestión es decidir lo que de humano o autosuficiente hay en ella, con la consiguiente guerra de sexos y lucha de egos.