Mikel INSAUSTI DONOSTIA

«Fuerza mayor» es la mejor película nórdica vista en mucho tiempo

Ha sido la gran triunfadora de los premios Guldbagge del cine sueco con seis estatuillas, incluidas las de Mejor Película y Mejor Director. En Cannes se llevó el Premio del Jurado y en Sevilla el Giraldillo de Oro a la Mejor Película y el premio al Mejor Guion. Son honores que recaen directamente sobre Ruben Östlund, quien en su cuarto largometraje recoge el testigo del maestro Bergman para ir mucho más allá en la disección de la familia y del ya decadente papel masculino.

La calidad de las películas no se mide por los premios recibidos, y los muchos que acumula «Fuerza mayor» no son más que un pálido reflejo de lo que es una genial creación cinematográfica imposible de medir en todo el talento narrativo que contiene. En Suecia lo tuvieron claro cuando triunfó en sus premios Guldbagge con seis estatuillas, incluidas las de Mejor Película y Mejor Director. También estuvo en la final de los Globos de Oro, tras llevarse en Cannes el Premio del Jurado y en Sevilla los de Mejor Película y Mejor Guion.

Tal vez se podía intuir lo que llegaría a dar de sí el cineasta sueco Ruben Östlund cuando con su anterior y tercer largometraje «Play» recibió el premio de Mejor Director en Gijón. Lo cierto es que su definitiva consagración ha llegado con el cuarto, donde recoge el testigo del maestro Bergman para ir mucho más allá en la disección de la familia, incidiendo en la decadencia del papel que juega en ella el elemento masculino.

La gran avalancha

Si la persona que hay detrás de «Fuerza mayor» fuera mujer, y no llevara barba como Ruben Östlund, estoy convencido de que la película sería calificada de feminista radical. Creo que es un claro reflejo de lo mucho que ha evolucionado la sensibilidad hacia el tema de la familia por parte de aquellos hombres que están dispuestos a hacer examen de conciencia y reconocer lo mal que lo han venido haciendo históricamente.

El protagonista de «Fuerza mayor» es sometido a lo largo del metraje a un juicio sumarísimo, quedando en evidencia que el hombre está preso actualmente de sus propias ambiciones pasadas, y ya se revela incapaz de seguir siendo el líder de la manada. No puede con la presión y se derrumba ante los ojos incrédulos de los suyos, que lo tendrán difícil para volver a confiar en él como antes.

La escena clave se sitúa justo al comienzo de la película, pues sucede en el segundo día de las vacaciones familiares de invierno en los Alpes suizos. Está filmada de forma antológica, y es digna de estudio en las escuelas de cine. La avalancha de nieve lo trastoca todo, pero no como sucede en las películas de catástrofes de Hollywood, sino que ese alud provoca una conmoción mucho más profunda. El macho huye guiado por el instinto animal de supervivencia, mientras la madre protege con su cuerpo a los cachorros. A medida que la polvareda de nieve se va disipando las figuras del cuadro empiezan a ser reconocibles.