Raimundo Fitero
DE REOJO

Velocidad

Un alto cargo del ministerio de Fomento ha desmontado parte de las argumentaciones de los forofos de las comisiones que producen la construcción de esa gran barbaridad que es la Y vasca. Simplemente ha contado una verdad, por una vez y sin que sirva de precedente, con datos técnicos sobre el tiempo que tardará ese tren de los prodigios en recorrer la distancias entre las tres capitales de la CAV. Y al verlas, confirmarlas, repetirlas, queda claro que no se hace esa inmensa obra para lo que dicen, sino con otros objetivos que nada tienen que ver con necesidades vitales de personas o empresas, sino partidos políticos. Nos dicen que se tardará bastantes más minutos que usando el autobús público o el coche privado. Los chicos de la recolección de comisiones del PNV se han sentido ofendidos y han despotricado, han vertido injurias, pero no han dado ningún dato técnico que nos diga con cierta fiabilidad que se tardará media hora o treinta y cinco minutos en ir de Bilbao a Gasteiz y no los cincuenta que dice Fomento. Ya han empezado a estructurar con urgencia otro relato. Quienes saben algo de estos asuntos, desde el primer minuto de este megaproyecto colonizador, meramente especulativo y de construcción, o sea, de cemento, lo que siempre deja un reguero de comisiones y enriquecimientos impropios, advirtieron que la orografía de esta bendita tierra no era propicia para lograr esas velocidades. No hicieron caso y optaron por destruir el paisaje, hacer túneles, levantar puentes de cemento, algunos sin llevar a ningún lado, es decir, un escándalo que se oculta, pero nunca podrá ir a trescientos por hora. A la mitad yendo bien.

En esas estamos, la preocupación en el parlamento de Madrid del PNV no era sobre el proceso de paz, sino sobre este asunto, para sus dineros, pero vienen de Madrid, proporcionan un informe sensato y se les desmonta el tinglado. De paso endeudan a los vascos por décadas para una obra que no tiene sentido y que nunca debería haber empezado y que debe finalizar ya. Inmediatamente. Emprender a toda velocidad acciones legales sobre quienes decidieron su inicio y mantienen su continuidad sabiendo estos informes sería un acto de decencia democrática.