Los famosos de Hollywood en el diván de Cronenberg

El cineasta canadiense David Cronenberg no atraviesa por su mejor momento creativo, lo que tampoco quiere decir que su firma de autor haya perdido cotización, a juzgar por los premios que «Maps to the Stars» se llevó en Cannes y en Sitges, aunque fuera a costa del prestigio interpretativo de Julianne Moore. Pero la triste verdad es que la actriz, ganadora de un merecido Oscar este mismo año por «Siempre Alice», aquí está muy sobreactuada y ni siquiera es la máxima protagonista, ya que dicha responsabilidad recae sobre Mia Wasikowska en su eterno papel de adolescente problemática.
Y no es que lo de Julianne Moore sea un capricho particular, sino que la dirección del señor Cronenberg está pasadísima de vueltas, porque en el fondo no tiene nada nuevo que decir sobre las miserias internas de Hollywood, y la falta de material de interés la cubre con contínuas salidas de tono. Los consabidos escándalos del famoseo se repiten cansinamente en su temario sobre drogas, sexo, dinero sucio, familias disfuncionales, ruina moral, violencia verbal y física, enfermedades mentales, malos hábitos, falta de higiene, obsesiones escatológicas, acoso, explotación laboral, falta de privacidad, métodos mafiosos, exhibicionismo y todo cuanto hace las delicias de la prensa sensacionalista.
Los diálogos y el estilo visual se contagian de la vulgaridad ambiental hasta el punto de que la planificación se asemeja a la del cine porno o a la de los culebrones televisivos. De nada le sirve por la presente a Cronenberg citar a su querido Carl Gustav Jung o filmar a sus personajes declamando versos de Paul Éluard, cuando de lo que se está hablando es de los manuales de autoayuda y de la Iglesia de la Cienciología.
No sé a que vienen las comparaciones con «Mulholland Drive» de David Lynch, cuando ni siquiera el surrealismo coral de las situaciones remite a Robert Altman y «El juego de Hollywood». Se queda a años luz de Sofía Coppola y «Somewhere» a la hora de ilustrar el vacío de ese universo tan decadente y endogámico.

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