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Australia está cansada de los «sermones» de la ONU sobre su política migratoria

El primer ministro australiano, Tony Abbott, ha asegurado que sus compatriotas «están cansados» de los discursos y «sermones» de la ONU sobre su política en materia de inmigración irregular, tras conocerse un nuevo informe del organismo sobre la tortura.

El conservador Tony Abbott opinó, en una intervención en el Parlamento, que Naciones Unidas debería dar más crédito al Gobierno de Camberra porque con su política en materia de inmigración ha detenido el flujo incesante de barcos con inmigrantes y puesto fin a las muertes en alta mar. «Lo más humano, más decente, más compasi- vo que se puede hacer es detener esos barcos porque cientos, creemos que alrededor de 1.200, de hecho, se han ahogado durante el florecimiento del contrabando de personas (buscadores de asilo) bajo el anterior Gobierno», dijo Abott tras conocerse el último informe de la ONU sobre la tortura.

El texto del Relator Especial de la ONU, el argentino Juan Méndez, señala que algunos aspectos de la política australiana sobre inmigración irregular contravienen la convención internacional contra la tortura.

El documento, que iba a ser presentado ayer ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, también considera que Australia ha fracasado en proveer las condiciones adecuadas a los solicitantes de asilo en los centros de detención y exige que se acabe con la reclusión de menores. También pide que se ponga fin a la escalada de violencia en el centro de detención que financia Australia en la isla Manus, en Papúa Nueva Guinea.

Este informe se suma a otros recientes que critican la política en materia de inmigración de Australia, como el informe anual de Amnistía Internacional sobre la situación de los derechos humanos y el estudio «Los niños olvidados», elaborado por la Comisión de Derechos Humanos de Australia, que dirige Gillian Triggs, y que reclama la puesta en libertad de los niños solicitantes de asilo y denuncia los graves problemas sicológicos y los abusos que sufren los menores en detención.

El Gobierno australiano comenzó a principios de siglo una política consistente en detener en alta mar a inmigrantes «sin papeles» y enviarlos a centros en terceros países, para que tramiten desde allí sus peticiones de asilo.

Muchos de los migrantes que viajan hasta Australia huyen de conflictos, como los de Afganistán, Darfur, Pakistán, Somalia y Siria, y otros escapan de la discriminación o de la condición de apátridas, como la minoría rohingya en Myanmar y la bidun en Kuwait.