Iratxe Fresneda
Periodista y profesora de Comunicación Audiovisual

Ocupen sus asientos: Maddalen de Jaureguiberry

En 1975, dos años antes de su fallecimiento, Maddalen de Jaureguiberry Erbin fue nombrada miembro de honor de Euskaltzaindia. No sé por qué, pero hoy me he acordado de ella. Quizá porque últimamente pienso en algunas expertas en nuestra lengua que no ocupan su sitio en Euskaltzaindia. Hace años realicé para la radio una serie de perfiles sobre personajes que se me antojaron reveladores. Entre ellos, estaba Maddalen. Siempre me pareció una mujer interesante e ingeniosa, además de hábil: «coló» el euskara en las escuelas de Ipar Euskal Herria y lo hizo a pesar de que los docentes de aquellos días desconocían la lengua. Además, lo hizo recibiendo la aprobación de la inspección académica de Pau. Su método se basaba en algo aparentemente simple: introducir en la enseñanza canciones con textos en euskara y francés. El sistema dio resultados.

Nacida en Aloze, Zuberoa, en 1884, estudió en Pau y pasó la mayor parte de su vida viviendo en Euskal Herria (salvo cinco años que ejerció de profesora en Argentina). Defensora a ultranza del euskara, Maddalen fue la primera presidenta de Begiraleak, además de pertenecer al grupo abertzale Aintzina. Su conciencia militante la llevó a crear una red de acogida a los refugiados vascos en la Guerra del 36 y, aún hoy, algunos supervivientes la recuerdan. Jaureguiberry, además de dedicarse a la docencia, participaba activamente en los foros políticos de su tiempo. Escribió para revistas como «Herria» y «Gure Herria», para diarios como «Sud Ouest» y dejó un legado de obras teatrales entre las que figuran «Miraküilü bat», «Zikoitza» o «Eüskaldünen jauntziak». Sospecho que hay muchas Maddalen entre nosotras.