Un incendio de talento
¡Pero qué gran música contiene «La llama»! Se me puso un nudo en la garganta al pensar que Usandizaga, con 28 años, trabajando desde la cama y consciente de que la vida se le escapaba con cada nota, fuera capaz de escribir esta partitura magistral, con un dominio maravilloso del coro y la orquesta, sofisticada y rabiosamente moderna por momentos. Y, ante todo, de generosidad casi excesiva, como si Usandizaga hubiera querido adelantar en ella una parte de los 40 años más que le hubiera correspondido vivir. El tema oriental no es más que la excusa para dar rienda suelta a esa plasticidad de imágenes y brillantez en lo técnico que alcanza la música en todo momento.
«La llama» se repite hoy y mañana en Donostia, una ocasión histórica que ningún donostiarra de pro, que desee descubrir qué gran compositor era ese Usandizaga que da nombre a calles e institutos, debería perderse.

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