Premio Nobel de la Hiprocresía
Hace unos días el presidente de EEUU y flamante premio Nobel de la Paz, Barack Obama, decretó que Venezuela es una «amenaza» para la seguridad de su país e impuso sanciones a varios altos funcionarios bolivarianos. Olvida Obama cuál ha sido y es la principal amenaza para América Latina en las últimas décadas, una amenaza que se ha materializado en golpes de Estado, dictaduras sangrientas, explotación, miseria...
Hay que tener mucha caradura y ser muy hipócrita para echarse las manos a la cabeza, como ha hecho Obama, ante la situación que vive Venezuela y mirar para otro lado ante otros casos mucho más sangrantes.
Levanta la voz ante el encarcelamiento de opositores, acusados de conspirar para derrocar al presidente, Nicolás Maduro, y no tanto por la muerte de un adolescente en las protestas. ¿Dónde estaba Obama cuando sus amigos israelíes bombardeaban el pasado verano Gaza hasta reducirla a escombros y mataban a miles de palestinos, la inmensa mayoría civiles y muchos de ellos niños? ¿Dónde cuando desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa, en México? ¿No tiene Obama nada que decir ante las 14 desapariciones diarias -a las que habría que sumar las cinco mujeres que a diario mueren por violencia machista y las incontables muertes originadas por la represión- que se producen desde la llegada al poder de Enrique Peña Nieto, en México, un país con el que comparte frontera y donde la tortura y la impunidad son generalizadas? ¿No tiene nada que decir ante la represión de mujeres y opositores en sus países aliados del Golfo?
¿Quién? El premio Nobel de la Paz de uno de los pocos países que aplica la pena de muerte y donde la comunidad negra, a la que pertenece solo por el color de su piel, es discriminada un día sí y otro también con la más absoluta impunidad por policías y autoridades racistas.
Hipócrita.

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