Adolfo Arrieta despierta con un beso
Me alegra saber que se puede dejar de ser un cineasta maldito a los 73 años, una edad tan buena como cualquier otra para que te llegue la oportunidad de probar a hacer una película con los medios que nunca has tenido. Le acaba de suceder a Adolfo Arrieta, al que confieso que tenía olvidado hasta que he vuelto a saber de él gracias a las noticias que llegaban de Cannes, donde se ha presentado su futuro proyecto “La bella durmiente”, que rodará este mismo verano.
Es un sueño hecho realidad, porque Arrieta siempre se ha sentido muy identificado con el cine de Jean Cocteau desde que se exiliara en París, allá por el mayo del 68. No en vano dirigió a Jean Marais, el actor fetiche de Cocteau, en “Le jouet criminel” (1969). Ahora podrá disponer para “La bella durmiente” de un gran reparto actual encabezado por Agathe Bonitier, Niels Schneider, Mathieu Amalric y Pascal Greggory.
Todavía recuerdo cuando vi por primera vez su corto “El crimen de la pirindola” (1965), un título mítico porque desprendía una libertad creativa imposible de encontrar en el cine que se hacía entonces en el tardofranquismo. Adolfo Arrieta pudo ser alguna vez un genio incomprendido, pero ya va siendo hora de recuperar su cine y de que se vaya normalizando.

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