Alberto PRADILLA
PARÍS

Propuestas concretas sobre los presos y una apelación directa a París

«Al final tiene que haber una decisión política sobre los prisioneros. Y corresponde a los líderes políticos». Bertie Ahern, ex primer ministro irlandés, sacó a relucir su experiencia para hablar sobre la cuestión de los presos. «Estábamos cuatro personas: Tony Blair, Martin McGuiness, Gerry Adams y yo. Fue a las 5 de la mañana cuando llegamos a un acuerdo sobre los presos en los últimos seis meses de negociación», rememoró.

No quiso establecer paralelismos, pero sí que reiteró que «tiene que haber una decisión y esto ocurre en todas las situaciones similares». Teniendo en cuenta que ya han pasado cuatro años y medio desde la declaración de Aiete y el cese definitivo de la lucha armada de ETA, el extaoiseach consideró que ha llegado el momento. Además, recordó que «no ocurrirá» una situación en la que un movimiento como el independentista deje atrás a sus presos.

Como complemento de lo expuesto por Ahern, aunque desarrollado un poco antes en la sala, el abogado sudafricano Brian Currin también se apoyó en Irlanda para dibujar posibles escenarios de excarcelaciones sin vulnerar la ley. En este sentido, recordó la comisión desarrollada al amparo del Acuerdo de Viernes Santo y que se encargó de solicitar liberaciones anticipadas: «Estaba claro que casi todos serían puestos en libertad rápidamente y eso fue lo que ocurrió», explicó.

Cierto es que, al contrario que en Irlanda, donde hubo una «contribución positiva de los gobiernos», en Euskal Herria no existe una implicación de los estados. Esta fue, de hecho, una de las cuestiones denunciadas a lo largo de toda esta conferencia de París. Por eso, tanto Currin como otros compañeros de mesa como Max Brisson o Raymond Kendall instaron a París a involucrarse.

«La liberación de los presos no es algo fácil de vender», asumió el sudafricano, tomando como referencia la posición de la sociedad británica en el momento de la excarcelación de los miembros del IRA. Ahí ubicó la importancia de estructuras legales como la comisión, creada por mandato político.

Hasta llegar a este punto, el miembro del Grupo Internacional de Contacto planteó como primer paso el acercamiento («no tiene nada de político, se trata de respetar los derechos humanos»), así como la liberación de aquellos prisioneros que se encuentran enfermos.