12/08/2017

Schippers, la única que se salva en una jornada de cosas raras

La final de 3.000 obstáculos femenino dejó doblete norteamericano y la saltadora Spanovic perdió la medalla por culpa de su dorsal.

Arnaitz GORRITI
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La normalidad, cuando es la nota más rara, es casi sorprendente. Bajo la lluvia, Dafne Schippers revalidó su título mundial de los 200 metros, aguantando el ataque de la costamarfileña Marie-Josée Ta Lou, que cerca estuvo de birlarle el oro a la neerlandesa, con la bahameña Shaunae Miller-Uibo acabando con un bronce que endulza en parte su sorprendente derrota en la final de 40o lisos.

El atletismo, y más este Mundial de Londres, dejó varias estampas rarísimas. Sin embargo, lo raro fue ver a Schippers aguantar la presión y el ataque de sus rivales, sin crisparse ni venirse abajo. Ta Lou quiso emular a la propia «holandesa voladora», que en 2015 se hizo con el oro del doble hectómetro –batiendo el récord de Europa– a base de presionar y presionar a Elaine Thompson. Pero Schippers aguantó, y aunque el registro, 22,05 segundos, fue algo discreto, le valió para ganar el oro en su prueba fetiche.

En cambio, la final de 3.000 metros obstáculos devino en un doblete... ¡norteamericano! La medalla de bronce en Río 2016 Emma Coburn no solo ganó el oro, sino que hizo récord de los campeonatos, en una prueba corrida a toda velocidad, gracias al esfuerzo de la atleta de Qatar Jebet, campeona olímpica y poseedora del récord mundial. La compatriota de Coburn courtney Frerichs se llevó la plata fruto de su capacidad de sufrimiento, pulverizando de paso su mejor registro.

La carrera fue... rara. La keniana Chepkoech se despistó al inicio de la carrera al pasar de largo de la ría y tener que re- montar. Jebet aprovechó la coyuntura para ponerse a tirar y romper la carrera, con la compañía de las kenianas Chepkoech –que solo cedió en la vuelta final– y Chespol –campeona mundial junior–, y las dos norteamericanas.

Durante varias vueltas pareció que Jebet y Chespol iban a romper la carrera, pero entre que Chepkoech se negaba a abandonarse por culpa de un despiste y que las dos estadounidenses y la tercera keniana Jepkemoi se pegaban a Cep- koech como garrapatas, la final se decidió entre seis atletas, entrando en una última vuelta francamente psicodélica.

De golpe, Jebet explotó y Chespol con ella, de modo que al final las kenianas Jepkemoi y Chepkoech se vieron en un duelo de parejas ante Coburn y Frerichs. Contra todo pronóstico, y sacando ventaja en una mejor técnica en el paso de la valla como en pruebas de velocidad, las dos atletas blancas –disculpen la precisión, que solo sirve para buscar contraste– descolgaban a la «despistada» Chepkoech y hacían sufrir a Jepkemoi, que solo pudo ser bronce. La celebración estadounidense fue una mezcla de alegría e incredulidad.

Igualdad y fatalidad

La primera de las finales de la jornada fue la longitud femenina. Brittney Reese, logró su cuarto oro en la especialidad en los Campeonatos del Mun- do –después de los logrados en Berlín 2009, Daegu 2011 y Moscú 2013– con un brinco máximo de 7,02 metros, en un concurso decidido por un puño.

La rusa «apátrida» Klishina fue plata con siete metros exactos, con el bronce para la Campeona Mundial en 2015 Tianna Bartoletta arrancando el bronce en su sexto intento, con 6.97 metros, solo un centímetro más que la serbia Ivana Spanovic. Una Spanovic que bien pudo haber conquistado el oro con un último brinco claramente por encima de los siete metros, medido como 6,91 por los jueces. El motivo, según explicaron, que el dorsal de la serbia ubicado en la espalda se soltó y dejó marca sobre la arena. Para más inri, anunciaron que, en adelante, los saltadores llevarán su dorsal solo en la parte delantera de su cuerpo, para evitar percances como la de Spanovic.

Con parecida igualdad transcurrió la finalísima masculina de lanzamiento de martillo. Con todo, el principal favorito de la prueba, el polaco Pawel Fajdek, dictó su ley, cuando encadenó dos lanzamientos que rozaron los 80 metros, marca que nadie más alcanzó.

La pelea por el resto de las medallas sí que tuvo mayor emoción. al final, entre la medalla de plata y la de «chocolate» no hubo sino 49 centímetros. Otro de los apátridas, el ruso Proknin, fue mejorando su concurso hasta llegar a los 78,16 metros en su último intento. Así conseguía la plata, relegando al polaco Nowicki al bronce, con un mejor lanzamiento del 78,03 metros. El lanzador francés Quentin Bigot se quedó a las puertas del podio con 77,67 metros en su haber.

Sustos y recalificaciones

En las semifinales de los 100 metros vallas femeninos estuvo a un tris de producirse la sorpresa de la jornada. La poseedora del récord mundial, la estadounidense Kandra Harrison, realizó una carrera horrenda, pero logró colarse con 12,86 segundos con la octava mejor marca, una centésima por delante de la noruega Isabelle Pedersen.

De cara a la final de hoy, la australiana Sally Pearson, campeona olímpica en Londres 2012, fue la que mejores sensaciones ofreció, amén de firmar el mejor registro, con 12,53 segundos, una décima más de su más inmediata perseguidora.

De parecida manera, la sudafricana Caster Semenya, se impuso en su semifinal de los 800 metros y bajó de los dos minutos casi sin sudar. En cambio, la británica Lynsey Sharp fue descalificada por dar un empujón, lo que dio sitio en la final a la holandesa Verstegen. Posteriormente, para rematar una jornada de cosas raras, la británica fue readmitida, de modo que estará en la final de mañana.

RECALIFICADA


La británica Lynsey Sharp en principio fue descalificada en su semifinal de los 800 metros por propinar un empujón a una rival en la recta de meta. La delegación local reclamó esta decisión de los jueces, que estimaron tal reclamación y recalificaron a Sharp, que estará en la final de mañana.