11/11/2018

Todos los azules paradójicos

Una pequeña anécdota es el detonante de una dramaturgia a caballo entre el relato y el soporte imaginativo de una situación que partiendo de lo cotidiano avanzan hacia una excepcionalidad que en ocasiones parece trascendente y otras sirve pie para una linda payasada. Texto que pese a pasearse por ideas filosóficas que pueden dejar atrapado en su conclusión al espectador, o sus tangenciales rodeos cultistas, se entregue de manera unidireccional a esas líneas, sino que entra y sale de esas promiscuas tentaciones y gracias a la actuación de César Sarachu, se coloca en un estadio diferente, a medio camino entre el monólogo con ocurrencias, las entradas de clown y el desarrollo de paradójicas elucubraciones sobre la mirada de los otros sobre uno mismo y de uno hacia los demás. La ruptura de las gafas de ver del personaje y su sustitución por unas gafas de natación de color azul graduadas, es el absurdo desde el que todo se va convirtiendo en una contra historia con reminiscencias mágicas, pues todo lo que sucede en un día ordinario, se vuelve extraordinario. El binomio Mayorga-Sarachu, funciona. César vuelve a sus inicios actorales, su figura escuálida ayuda a convertirla en un personaje cómico pese a que diga las cosas más trascendentes y profundas. Y es en ese juego donde se produce la pirotecnia con esas palabras que buscan un asentamiento, encuentran un cuerpo que las acoge y materializa en otras expresiones que componen una partitura de azules paradójicos, en un escenario sencillo, acotado por una iluminación cromática.