El capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, ha culpado a las autoridades del Estado español de provocar la contaminación en el Cantábrico y en la costa del Estado francés con el rumbo fijado al barco, tras ser estabilizado el 14 de noviembre de 2002, un día después del accidente.
Además, les ha acusado de llevar al buque «a ninguna parte» con su decisión de alejarlo de la costa. «Fue la peor decisión posible», ha añadido.
Preguntado si es cierto que «sin la orden dada» sobre el rumbo del barco «la contaminación nunca hubiera afectado al Cantábrico ni la costa francesa», ha ractificado que «sí».

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