Ion SALGADO

La arqueología saca a la luz los crímenes del franquismo

La arqueología ha puesto nombre a miles de represaliados, enterrados en cunetas y fosas comunes por el régimen franquista. Estos días el campus universitario de Gasteiz acoge un congreso internacional que tiene por objeto analizar la labor de los arqueólogos en exploraciones relacionadas con la guerra de 1936. Un conflicto con demasiadas «historias ocultas».

La crudeza de la represión franquista no está recogida en los libros ni en las enciclopedias. Las pruebas físicas de los crimenes cometidos durante la guerra del 36 y la dictadura posterior están sepultadas bajo tierra, en cunetas y fosas comunes donde reposan los cuerpos sin vida de miles de personas. Muchas han recibido un último homenaje gracias al trabajo de los arqueólogos, que trabajan para sacar a la luz las «historias ocultas» del franquismo.

«Por ejemplo, sabemos que en Etxaguen se enterró a unos milicianos boca abajo. Como si les obligasen a comer tierra una vez muertos», explicó ayer Alfredo González en la jornada inaugural del I Congreso Internacional de Arqueología de la Guerra Civil española, organizado por el Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV-EHU (GPAC) en el campus de Gasteiz.

En su intervención, el arqueólogo del CSIC, que puso de relieve la labor que desempeñan las asociaciones memorialistas, destacó que la arqueología analiza la «actualidad del pasado», ya que estudia los acontecimientos ocurridos en un punto geográfico concreto. «En la Ciudad Universitaria de Madrid siguieron pasando cosas después del 36», manifestó González tras señalar que su trabajo tiene por objeto «pensar, conocer, contar y actuar». A su parecer, esta última acción entraña una mayor dificultad desde el punto de vista social, porque actuar implica colaborar con la sociedad civil, que es quien ha liderado la búsqueda de los represaliados. Asimismo, subrayó la importancia de conocer los ocurrido en 1936 para comprender el dolor de las familias, dar cuenta de las batallas olvidadas y revisar las «historias conocidas». «La arqueología analiza la historia de otra manera, y eso genera más conocimiento», detalló González, que también mencionó su labor pedagógica. En concreto, quiere convencer a aquellos que restan importancia a los crímenes del franquismo de que su relato va en contra de los derechos humanos.

La ciencia no olvida

Por su parte, Carlos Marín, arqueólogo de la Universidad de La República (Uruguay), afirmó que la «mejor forma de sustentar la memoria es historizando mediante la arqueología». El científico, que finalizó su intervención con una diapositiva en la que se podía leer «Si el fascismo no perdona, la arqueología no olvida», defendió una «arqueología del presente, que esté al servicio de las comunidades subalternas. [...] Más que estudiar las relaciones sociales, tenemos que pasar a formar parte de las mismas».

En cuanto a la recuperación de la memoria histórica, citó los pasos dados en Chile, Argentina y Uruguay, donde se han puesto en marcha medidas que tienen por objeto recordar y reparar a las víctimas de las dictaduras; y recordó que los arqueólogos franquistas trabajaron en la posguerra para recuperar los cuerpos de los soldados pertenecientes al bando vencedor.

En este sentido, Pablo Alonso (INCIPIT-CSIC) criticó que la Ley de Memoria Histórica, puesta en marcha por el PSOE, fue una «estrategia de contención» que ha beneficiado a «asociaciones pantalla» creadas por este partido. Por último, Pedro Fermín Maguire, de la Universidade Estadual de Campinas (Brasil), recordó el infierno que vivieron los presos republicanos en los campos de concentración de Muros (Galiza).