Por primera vez desde que tuvieron que abandonar el poder y replegarse a una guerra de guerrillas por los bombardeos de EEUU a finales de 2001, los talibanes afganos tomaron ayer el control una importante ciudad afgana, Kunduz, cruce estratégico del norte del país, infligiendo un duro revés al Gobierno títere de Kabul.
En una ofensiva que comenzó a las 3 de la madrugada del lunes, los talibanes se hacían a primera hora de la tarde con el control de «casi todas las oficinas gubernamentales», izaban su bandera (blanca) en la plaza principal,liberaban a cientos de prisioneros, la mayoría talibanes, tras asaltar la prisión de la ciudad, y se dirigían al aeropuerto. Kunduz es una importante ciudad comercial de 300.000 habitantes y está situada en la estratégica ruta que comunica la capital afgana, Kabul, con Tayikistán y las repúblicas exsoviéticas de Asia Central.
Los soldados afganos huían en estampida y fuentes oficiales denunciaron que los talibanes estarían dando caza a soldados heridos e ingresados en el hospital de la ciudad. Los muertos se contaban por decenas.
Los talibanes, cada vez más activos en el norte del país, lanzaron en la primavera una ofensiva que les llevó a controlar el extrarradio de Kunduz, pero habían sido repelidos una y otra vez en sus asaltos a la ciudad.
Un Ejército huérfano
Pese a que el Gobierno afgano aseguró que los refuerzos estaban en camino, el Ejército afgano se ha quedado huérfano tras el repliegue de las tropas extranjeras. EEUU y la OTAN retiraron en diciembre sus tropas de combate y mantienen un contingente de 13.000 soldados acuartelados en misiones de formación e instrucción.
La caída de Kunduz sería un duro revés para el presidente títere, Ashraf Ghani, quien prometió, a su llegada al palacio presidencial en 2014, que llevaría la paz al país, hundido tras 30 años de guerra provocada por la invasión soviética en la década de los ochenta.
Los contactos preliminares con los talibanes, iniciados en abril, se retrasaron sine die tras el anuncio de la muerte de su líder, el mulah Omar, y su sucesión por el controvertido mulah Ajtar Mansour. Pese a la crisis desatada por su sucesión, o acaso debida a ella, los talibanes han recrudecido su ofensiva militar antes de la llegada del frío invierno.
Kunduz fue una de las primeras ciudades en las que se rindieron los talibanes en el otoño de 2001. Los pastunes, etnia mayoritaria afgana y de la que provienen los talibanes, son minoría en el norte del país pero la suplen con milicianos tayikos y uzbekos.
Desde 2014, los talibanes controlaban ya dos distritos de la provincia de Kunduz y en un cambio de táctica, establecieron una administración paralela aprovechándose del odio que genera entre la población local la corrupción y la extorsión del Ejército afgano.
Ofensiva de la filial del ISIS en el este de Afganistán
Las milicias de Kabul deben hacer frente asimismo a la creciente amenaza del Estado Islámico (ISIS) y su plan de crear una provincia o wilaya en Jorasán, una zona que englobaría Afganistán y los países limítrofes en el marco del «califato mundial».
El domingo, el ISIS lanzó una ofensiva en la provincia de Nangarhar. enclave estratégico y centro del tráfico de opio afgano. Los combatientes del ISIS son antiguos guerrilleros talibanes críticos con su dirección, a la que acusan de ocultar durante mucho tiempo la muerte del mulah Omar. Los talibanes se desmarcaron del atentado contra un partido de voleibol que dejó un saldo de 13 civiles muertos, siete menores, en Paktika.GARA

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