Ramón SOLA

Mucho más allá de Glencree

Dos republicanos, dos unionistas y dos británicos en la misma mesa, entre ellos un exmilitante del IRA, un antiguo líder lealista, un exsoldado y un policía. El documental «In dialogue», promovido por DSS2016, muestra la reconciliación vía diálogo y, a la vez, la impulsa.

Han pasado 18 años desde el Acuerdo de Viernes Santo y hoy es el día en que estas seis personas, que han pasado casi toda su vida enfrentadas a muerte, pueden sentarse en la misma mesa durante diez horas y entablar un diálogo tremendamente constructivo, algo que valora como inédito el vasco Xuban Intxausti, director de ‘‘In dialogue’’, documental que se verá hoy en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia. ¿Acaso hará falta tanto tiempo para que algo así sea posible en Euskal Herria? Ni la activista republicana Eibhlin Glenholmes ni el exsoldado británico Lee Lavis, juntos ayer en la presentación en la capital guipuzcoana, tienen respuesta para ello. Glenholmes sugiere que «hacen falta paciencia y ánimo, pero sobre todo escuchar, eso es lo más importante». Y Lavis explica que «no sirve de nada poner fecha porque obligar a la gente a sentarse a hablar no funciona; hay que querer hacerlo. En mi caso, Irlanda es mi hogar ahora, así que tengo interés en esto. Pero este es siempre un proceso de abajo a arriba».

‘‘In dialogue’’ es un documental de una hora rodado en Belfast, en el marco de una de las embajadas de DSS2016. Intxausti confirma que se trataba de buscar enseñanzas para Euskal Herria «desde un sitio donde las cosas están más avanzadas». Decidieron que «el diálogo era un modo de mostrarlo» y para eso recurrieron a la filosofía Sira Abenoza, experta en diálogo socrático y que se ha implicado en este proyecto hasta las lágrimas que se ven en la película y las pesadillas que sufrió cada noche «en esa región del mundo en la que hay todavía mucho dolor».

Para el director, tan importante como lo que se escucha es el propio procedimiento: «Allí lo llaman confortable conversations. Estaría bien que en nuestras conversaciones relajadas, en esas sobremesas vascas, empezáramos a conversar sobre estas cosas que todavía nos revuelven las tripas».

El dolor y la violencia

Lo más parecido en Euskal Herria a la experiencia que recoge ‘‘In dialogue’’ pueden ser las conversaciones de Glencree, celebradas precisamente en Irlanda, entre víctimas de los dos lados del conflicto vasco. Con una primera diferencia: estas se hicieron sin cámaras y se guardaron escrupulosamente en secreto hasta su final, como blindaje inevitable. Pero este documental también va más allá de Glencree porque los que se sientan en la misma mesa no son solo personas que han sufrido la violencia, sino que cuatro de ellas además la han ejercido, se han matado unos a otros.

Igual que el dolor iguala y facilita la empatía, como subraya Lavis, haber usado la violencia deja algunas reflexiones comunes. Jackie McDonald (UDA) lo explica con detalle, sin pausa; Michael Culbert (IRA, hoy en Coiste, la asociación que asiste a exprisioneros) es más escueto, más contenido. Pero ambos coinciden en que «una vez que comienza la violencia se acaba toda lógica», las cosas pasan a ser «necesarias», el enemigo queda cosificado y, sobre todo, «no se hacen preguntas, no hay preguntas que hacer».

Los dos llegaron ahí desde sus convicciones políticas previas. En el caso de Lavis, ni siquiera eso; únicamente se enroló en el Ejército porque necesitaba trabajo. Bromea en el documental con que «Frank, el personaje que salía en los anuncios del Ejército, siempre estaba esquiando, o haciendo piragüismo, o con sus amigos en el bar, nunca lo vi con uniforme ni vigilando la frontera de Armagh». Luego llegó la cruda realidad: «Tienes un entrenamiento para deshumanizarte. Te destinan al norte de Irlanda. Empiezas a considerar que el IRA es tu enemigo. Y no te enseñan a disparar a una mano o a una pierna, solo te enseñan a matar».

Que todos hablen con calma y respeto no significa obviamente que estén de acuerdo en el problema político de fondo. El unionista Winston Irvine se revuelve incómodo cuando Culbert remarca «la situación colonial. Si los irlandeses fuésemos negros todo el mundo entendería esto, pero como nos parecemos mucho a los ingleses...». Es un debate que sigue, «otra lucha», apunta Glenholmes. Roger, el policía británico, reconoce que antes «yo no sabía nada de la historia de Irlanda». Y Culbert añade que cuando estudiantes estadounidenses le preguntan por qué recurrieron a la lucha armada, él simplemente les responde: «¿Y cómo echásteis vosotros a los británicos de vuestro país?».

Un nuevo inicio

Todo empezó a cambiar con los acuerdos políticos de 1998. Además de la conversación en la mesa, que ocupa la mayor parte del documental salteado con la dura historia de cada protagonista, son dos viejos conocidos del proceso vasco los que dan una clave importante. Sira Abenoza visita a Harold Good, el reverendo protestante que junto al católico Alec Reid verificó el desarme, y este le explica cómo definió el tránsito al nuevo tiempo Brian Currin. Para el sudafricano, la clave del futuro no es la justicia, sino entender que «hay una oportunidad de un nuevo inicio» en el que se tiene que dar cabida a todos los sectores, aunque en el fondo uno piense que alguien no tiene derecho a ello. El religioso lo llama «gracia»; el abogado quizás lo denomine simplemente «generosidad».

Ya en esta nueva fase, ¿cómo cerrar heridas? El documental sale de nuevo de la mesa para reflejar en un pub la amistad antes inverosímil entre el exsoldado Lavis y Fina Gallagher, hermana de un joven republicano muerto a manos del Ejército británico. Y recoge luego la conversación entre un exdirigente del IRA y la hija de un político conservador muerto por una bomba en un hotel, en un atentado ordenado por el primero, allá por 1985. Ella narra el momento en que él le dijo «siento haber matado a tu padre», y él lo define como algo reconfortante, «aunque me sentí fuera de mi órbita». El caso es que ambos se beneficiaron de ello. Él sintió dejar atrás una fase de su vida en que «actuaba con una visión reducida» y ella logró «poner fin a un ciclo».

La última incursión prospectiva de ‘‘In dialogue’’ es a un «colegio integrado» en el que estudian juntos alumnos de las dos comunidades. Se trata de chicos y chicas nacidos justo en 1998. Una de ellas confiesa que «es difícil de creer» lo que le cuentan sus padres sobre aquellos terribles «troubles» (en Irlanda murieron 3.700 personas en este conflicto, un impacto enorme para una zona tan pequeña). Aseguran que en ese colegio nadie les ha preguntado «quién es protestante o católico» y auguran que cuando su generación entre en política «habrá un enorme cambio».

Sira Abenoza dejó clara en la rueda de prensa posterior su percepción de que aún falta bastante para rematar la resolución. Con todo, el documental se cierra con el reconocimiento por parte de Eibhlin Glenholmes de que «a veces nos olvidamos de lo mucho que hemos conseguido». Es la conclusión de un diálogo que, matiza su conductora, «no busca convencer, pero sí escuchar». La presentación al público, hoy por la tarde en el Victoria Eugenia.

 

Declaraciones

«Este proceso hay que hacerlo como individuo, en el Ejército británico no hay mecanismos para la reconciliación. Deshumanizarte es parte del entrenamiento, pero luego no hay un proceso rehumanizador»

LEE LAVIS

Exsoldado británico en el norte de Irlanda

«A veces la paz da miedo. Cuando una se acostumbra a vivir en un conflicto, no puede ni imaginar cómo es vivir en paz. Os deseamos lo mejor a los vascos, nos identificamos mucho con vosotros»

EIBHLIN GLENHOLMES

Activista republicana