Jon Ormazabal

Irurtzun, una txapela desde la experiencia

El triunfo de Ollo-Bergera por parejas da el triunfo al veterano equipo de Miguel Beraza ante los jóvenes de Oberena, que ofrecieron mucha resistencia en la final del Nacional de Clubes de Euskal Herria.

Los campeones, con la txapela. (Jon URBE/FOKU)
Los campeones, con la txapela. (Jon URBE/FOKU)

En un mundo del deporte en el que los protagonistas son cada vez más jóvenes, Irurtzun puso el contrapunto al hacerse este pasado domingo con la txapela de la sexta edición del Nacional de Clubes de Euskal Herria con un equipo muy veterano, tras imponerse a los precoces talentos de Oberena por 2-1 en una final que se decidió en el último partido, el de parejas. Con un equipo en el que Bergera, con 27 años es el más joven y con dos ex profesionales como Olazabal y Ongay en sus filas, los de Irurtzun demuestran que hay pelota, y mucha, al margen de la nueva política de las grandes empresas.

En el partido de parejas, Ollo-Bergera tiraron de manual para imponerse a a Oskoz-Aldave por 17-22, en una partido intenso, en el que los de Irurtzun no tuvieron reparos en salirse de los cánones actuales, jugar a bote y cargar el juego atrás, para hacerse con un triunfo clave. No obstante, tuvieron que sufrir lo suyo, pues Oskoz y Aldave tuvieron un inicio explosivo con el que cogieron alguna renta, gracias al poder del zaguero, que comenzó dominando. Todas las alarmas se encendieron en el equipo de Irurzun cuando Bergera se torció un tobillo y muchos creyeron que podía repetirse lo del año pasado, cuando Zazpi Iturri los dejó sin premio en la final. Sin embargo, el zaguero de Irurzun no solo se recuperó, sino que pasó a dominar a su par, con lo que cambió el guión del partido. Adelante, Oskoz firmó probablemente los tantos más bonitos, pero pudo intervenir menos de lo que hubiera deseado.

En el primer partido, Mikel Olazabal todavía se estará lamentando por las tres faltas de saque cometidas. La tercera y última la cometió con un 10-4 a su favor en el marcador, un error que se paga caro en este tipo de partidos. Hasta ese momento, el de Areso manejó el partido con cierta comodidad, moviendo bien la pelota ante un Canabal que mostró sus grandes dotes defensivas.

Este trabajo de contención no le sirvió al principio para sumar tantos, pero sí para una labor de desgaste que al final resultó determinante. Y es que, a medida de que el partido se endureció, el delantero de Irurtzun fue acusando el cansancio y el partido cambió de raíz. Canabal se hizo fuerte, demostró que, además de defender, sabe rematar cuando tiene oportunidad y se fue casi directamente al cartón 18, dando el primer punto a su equipo (13-18).

La final se equilibró en el mano a mano, partido en el que Alberto Ongay hizo valer su mayor experiencia ante un Irurita que demostró poseer mayor pegada, pero que nunca se sintió cómodo sobre la cancha. Ongay, por su parte, realizó un partido muy serio, con el saque como una de sus mayores armas, llegando a sumar hasta seis tantos con el pelotazo inicial. Además, solo cometió dos errores, por los cinco de Irutita, por lo que su triunfo resultó bastante cómodo (6-18).

Homenaje a ocho pelotazales

Al margen de la competición, el momento más emotivo del festival se produjo entre los dos primeros partidos, cuando Pilotabizi, entidad organizadora del campeonato, homenajeó a 8 pelotazales por la labor realizada en sus pueblos. Mikel Erro (Oberena), Pablo López (Altsasu), Juan Mari Doñabeitia (Lezama), Reyes Azkoitia (Bergara), Iñaki Ibargarai (Adiskide-Galdakao), Iosu Aurrekoetxea (Lemoa), Juan Mari Jalon (Hernani) y Fernando Ruiz de Egino (Agurain) recibieron un obsequio de manos de Artola, Mariezkurrena II y Danel Elezkano y el reconocmiento del público reunido en el Beotibar.