
Irán ha anunciado este lunes el inicio de los procedimientos para enriquecer uranio al 20% en las instalaciones de Fordo, situadas en los alrededores de la ciudad santa chií de Qom.
El Gobierno de Teherán decidió renunciar al enriquecimiento a niveles compatibles con usos militares en 2015 en el marco del acuerdo nuclear que firmó con varias potencias mundiales, incluidos los EEUU de Barack Obama.
Su sucesor, Donald Trump, se desvinculó del pacto en 2018 y reanudó e intensificó las sanciones contra Irán, con lo que el Gobierno de la antigua Persia se consideró liberado de sus compromisos.
Su portavoz, Ali Rabiei, ha detallado hoy que la inyección de gas en las centrifugadoras arrancó «hace unas horas», tras una orden en este sentido firmada por el presidente iraní, Hassan Rohani, para implementar una ley aprobada por el Parlamento en diciembre que insta a la Organización de la Energía Atómica de Irán (OAEI) a producir anualmente al menos 120 kilogramos de uranio enriquecido al 20% en respuesta a las sanciones de EEUU y a la falta de compensaciones por parte del resto de firmantes del acuerdo (China, Rusia, Gran Bretaña, Estado francés y Alemania).
Asimismo, Rabiei ha recalcado que Teherán ha notificado del proceso a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Hace tres días, la AIEA informó de que Irán le había comunicado sus planes.
Irán ha anunciado en los últimos años la retirada de sus compromisos sobre varios de los puntos del acuerdo nuclear, pero la decisión de hoy es un punto de difícil retorno.
Muerte del jefe del programa nuclear iraní
El Parlamento iraní, con mayoría del sector principalista, aprobó la ley tras la muerte en noviembre en un atentado que se imputa al Mossad israelí del jefe del programa nuclear iraní, Mohsen Fajrizade.
Terminaba así un año que arrancaba con la muerte en un ataque estadounidense en Bagdad de Qassem Soleimani, comandante de las brigadas Al Quds, que no es sino la sección internacional de los Guardianes de la Revolución.
El Gobierno de Rohani, un clérigo encuadrado en el sector reformista, se oponía a la ley, pero su aval por parte del Consejo de los Guardianes de la Constitución, una institución no electa y consultiva que arbitra litigios entre el Ejecutivo y el Parlamento, forzó al ministro de Exteriores y muñidor del acuerdo de 2015, Mohammad Javad Zarif, a reconocer que no tenían otra que cumplirlo.
La decisión coincide con la inminente llegada a la Casa Blanca del demócrata Joe Biden, en quien, en calidad de vicepresidente de Obama, no pocos esperaban que intentaría retornar al acuerdo.
Lo que está claro es que, pese a que haya en Teherán quien elucubre con la posibilidad de que sea un acicate para volver a negociar, prima en Irán la desconfianza en unos EEUU, y por extensión en una comunidad internacional, que no hace honor a sus pactos. Lo que da la razón y alimenta a los principalistas (también apodados esencialistas) en Irán. En año electoral.

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