
El realizador británico Dominic Cooke se ha formado, como tantos otros, en la televisión de su país, y tuvo un debut en la ficción cinematográfica algo tibio con su intento de adaptación de un novela de Ian McEwan en el drama romántico ‘En la playa de Chesil’ (2017), pero este segundo largometraje presenta ya una mayor solidez narrativa, por su corrección dentro del cine de espionaje clásico. No pretende sorprender, pero sí contentar al público potencial del género, lo que finalmente consigue, y partiendo además de hechos reales.
‘The Courier’ (2020) traslada a la pantalla la figura histórica de Greville Wynne, a través de la caracterización del actor Benedict Cumberbatch, que dota al personaje de la credibilidad y señas de identidad británicas necesarias. El tal Wynne era un ingeniero, un hombre de negocios corriente dedicado a la venta de maquinaria industrial. Pero, como por su trabajo viajaba mucho a la Europa del Este, fue captado por el MI6, el servicio de inteligencia británico, para hacer de correo y llevar mensajes al coronel soviético Oleg Penkovski. L
a película muestra cómo entre estas dos personas tan opuestas, un civil y un militar, va surgiendo una afinidad, gracias a que ambos quieren lo mejor para sus respectivas familias y, en plena Guerra Fría, están dispuestos a colaborar en la desescalada armamentística.

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