«Quería mostrar la impunidad desde la que actúa el Ejército israelí»
Galardonado con el Premio Forqué y candidato al Goya, «Yalla» es un cortometraje que narra, de manera estremecedora, la situación en la que viven miles de niños en Gaza inspirándose en un hecho real. Su director, Carlo D’Ursi (Bari, 1978) nos ofrece las claves de este trabajo.

El 16 de julio de 2014, cuatro niños de una misma familia, los Baker, jugaban al fútbol en una playa de Gaza. Fue entonces cuando un dron del Ejército israelí los identificó como objetivos militares descargando dos misiles contra ellos. Este sería uno más dentro de la lista de crímenes que las milicias israelíes han cometido sobre la población civil palestina si no fuera por un doble motivo que ha vuelto a traer a la actualidad aquel ataque. De un lado está la resolución del Tribunal Supremo israelí de reabrir el caso a instancias de ONG’s locales, para quienes el derecho internacional obliga a comprobar si son combatientes aquellos contra los que se dispara antes de darles alcance. De otro, el cortometraje ‘Yalla’, dirigido por el cineasta italiano Carlo D’Ursi que, inspirado en aquel suceso, acaba de ser estrenado en Filmin y en Movistar Plus con el aval de haber recibido el Premio Forqué al mejor corto de ficción y una candidatura a los Goya.
Su director reconoce que el germen de esta obra «tuvo lugar durante unos días en los que estuve visitando Jerusalén Este. Allí conocí a un chaval que regentaba un kebab. Él me enseñó los lugares donde jugaba de pequeño, emplazamientos que hoy en día son territorio israelí. Cada noche, el Ejército de Israel mueve la línea de trincheras apenas un metro y así, poco a poco, va ampliando sus posesiones. Basta con que planten una bandera para que se reconozca automáticamente como territorio israelí y, de este modo, habían conseguido colocarse a las puertas de la casa de aquel chaval sin que él pudiera hacer nada. Aquello me impactó tanto que me vi en la necesidad de contarlo porque, además, no es un hecho aislado, sino algo que se viene repitiendo de manera constante».
A partir de ahí, Carlo D’Ursi comenzó a investigar sobre una realidad que, en el fondo, le resulta lejana: «Quería mostrar la impunidad desde la que actúa el Ejército israelí pero necesitaba de una historia y es ahí cuando conocí el caso de los Baker». Una vez tuvo clara la historia, para el director fue muy importante darle forma al relato. El título del cortometraje, ‘Yalla’, sintetiza de manera precisa la apuesta del cineasta. Se trata de una palabra polisémica ampliamente usada en la lengua árabe que viene a significar ‘corre’, ‘venga’, ‘ve’, siendo la única expresión que se escucha en la película: «Cuando escribí la primera versión del guion sentí que ahí faltaba algo. Enseguida me di cuenta de que los diálogos no funcionaban. Llevaban al corto hacia el melodrama y tú no puedes acercarte una realidad como esta de forma melodramática. Así que fui prescindiendo de diálogos hasta que al final opté por quitarlos todos y dejar ‘Yalla’ como única expresión. Muchos me han comentado que esa decisión resulta bastante audaz, pero yo creo que el cortometraje es el formato idóneo para asumir riesgos». Otro de los riesgos asumidos por el director fue el uso simultáneo del blanco y negro y del color, lo que lejos de constituir una opción estética tiene una explicación narrativa. «Las imágenes tomadas a ras de suelo donde muestro a los niños jugando, están rodadas en blanco y negro porque se trata de un mundo sin matices. Para ellos la única opción real es vivir o morir. Sin embargo, las imágenes aéreas, aquellas que reflejan lo que se ve desde el dron, sí que están rodadas en color, porque el que guía dicho aparato sirviéndose de un joystick sí que tiene elección, hay una persona responsable detrás del lanzamiento de esos misiles».
El cineasta cree que «los cortos pueden ser un instrumento estupendo para que afloren problemáticas que permanecen invisibilizadas». Respecto a la posibilidad de recibir el Goya, él estima que sería positivo justamente para dar a conocer la realidad de los niños palestinos: «Hace apenas cinco meses que soy padre y eso me hace ser sensible al hecho de transmitir un mensaje a favor de la infancia. Pero, al mismo tiempo, la paternidad me ha situado en un momento de privación de sueño que me deja poco espacio para el ego, así que, en ese sentido, ganar o no ganar el Goya no es algo que vaya a dejarme sin dormir». En cualquier caso, el compromiso del cineasta con Palestina es claro, como lo prueba su deseo de regresar a Gaza para entrevistarse con un hermano de los fallecidos en el ataque que recrea en ‘Yalla’. Carlo D’Ursi desea que dicho encuentro quiere que sea el eje central de su próxima película.

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