Pello Guerra
Redactor de actualidad / Aktualitateko erredaktorea

La luz se va y vuelve el dinero en efectivo y los municipales, a regular el tráfico de Iruñea

El tremendo y prolongado apagón de luz registrado este lunes ha generado en Iruñea varios regresos, como la necesidad de rascarse el bolsillo para encontrar dinero en efectivo con el que comprar y el de los policías municipales regulando de nuevo el tráfico, con la gente haciendo vida en la calle.

Un policía municipal regula el tráfico en la plaza de Merindades.
Un policía municipal regula el tráfico en la plaza de Merindades. (NAIZ)

Un regreso a otros tiempos ha supuesto en Iruñea el tremendo y prolongado apagón de luz registrado este lunes, con una vuelta al dinero en efectivo, los policías municipales regulando a pie de asfalto el tráfico y la gente haciendo vida en la calle, donde lucía un sol de lo más luminoso para compensar la falta de fluido eléctrico.

Cuando repentinamente se ha ido la luz sobre las 12.30 horas, ha comenzado la tarea de adaptarse a la nueva situación, ya que iban pasando los minutos y estaba claro que no se trataba de algo puntual y que afectara a una manzana, sino que era general y que iba para rato.

A algunos les ha pillado montados en el ascensor, aunque, al menos, el público de la calle Descalzos estaba despejado media hora después del corte de fluido. Uno de los dos se encontraba en la parte superior y el segundo a mitad de recorrido, pero se veía despejado, así que si le había pillado a alguien dentro, había sido desalojado sin mayores problemas.

En cambio, lo que sí se veían concurridas eran las calles iruindarras, donde la gente se reunía para comentar la jugada. Algunos habían salido de sus oficinas, mientras que en las puertas de las tiendas se veía a los dependientes viendo la vida pasar ante unos locales sumidos en las tinieblas.

Unas dependientes esperan sentadas el regreso de la luz. (NAIZ)

 

En busca de efectivo

En algunos, los relacionados básicamente con la alimentación, como fruterías o panaderías, sí que había gente haciendo las correspondientes compras. Eso sí, había que rascarse el bolsillo o el monedero de turno, ya que ese dinero en efectivo cada vez más olvidado, había vuelto a primera plana al no poderse efectuar pagos con tarjeta o recurriendo al bizum.

En algunos bares también se llegaba a ver gente en el interior disfrutando de bebidas frescas procedentes de las neveras, puesto que los tiradores de cañas tampoco funcionaban correctamente. Por su parte, los cafés o las infusiones quedaban para el regreso de la ansiada luz.

En otros establecimientos hosteleros, directamente no se permitía el acceso a clientes y camareros y equipos de cocina disfrutaban del momento sentándose en taburetes en la calle para tomarse un inesperado descanso mientras regresaba el fluido eléctrico.

En unas calles especialmente concurridas, se oían comentarios de todo tipo. Así, una joven celebraba entusiasmada que «¡en Donostia hay luz!», una buena nueva con tintes evangélicos que celebraba la concurrencia, aunque en Iruñea todavía se haría de rogar casi dos horas.

Cabeza cortada

Otros paseantes tenían claro que lo ocurrido era «obra de un hacker» y un tercero se ponía más intenso y llegaba a asegurar contundente que «a alguien le van a cortar la cabeza».

Para la mayoría, la preocupación tenía que ver con los congelados del frigorífico de casa, ya que «durante unas horas aguantan, pero como se prolongue hasta la tarde, va a haber problemas».

Semáforo apagado, como todos, durante el corte de fluido eléctrico. (NAIZ)



Donde se planteaba serios problemas era en la circulación de vehículos, con punto críticos como las plazas más céntricas de Iruñea o la cuesta del Labrit, a causa del apagón general de semáforos.

Pero en esos lugares se encontraban los policías municipales regulando el tráfico, como en los viejos tiempos, dando paso a los peatones y a los coches según se fueran amontonando en uno u otro lado de la barrera.

El problema venía cuando no había agentes en el horizonte y había que cruzar, ya que algunos conductores consideraban despejado el camino al no tener un disco rojo que les parara, así que algún peatón ha demostrado ciertas dotes de recortador de vacas a la hora de cruzar algunas calles.

Los hospitales han conseguido funcionar con relativa normalidad gracias a los generadores.

De picnic

Salvo esos momentos puntuales de tensión, la soleada mañana invitaba a tomarse con calma el apagón y a disfrutar de las conversaciones de turno, más cercanas que nunca, ya que para la mayoría no había cobertura en el móvil.

Incluso no han faltado familias que han decidido improvisar un picnic y comerse un bocadillo en un parque para disfrutar de una comida diferente, evidentemente fría.

Y mientras, los adolescentes que llegaban del instituto pensaban en cómo solucionar el yantar si todavía no había luz con la que calentar esos tuppers que les aguardaban en un frigorífico más templado de lo habitual.

Hacia las 15.00 horas y de manera escalonada, la corriente eléctrica ha ido regresando a Iruñea por zonas. Llegaba el momento de hacer balance, comprobar los daños provocados por el apagón e incluso plantearse una vuelta a la calle, donde el sol brillaba con especial fuerza en una ciudad demasiado acostumbrada a las tinieblas, con independencia de que se haya ido la luz.

Dirigiendo el tráfico en la bajada de Labrir. (NAIZ)