Merz se pierde entre su amistad con Israel y las denuncias por complicidad
Con el anuncio del cese parcial del envío de armas a Tel Aviv, el canciller democratacristiano, Friedrich Merz (CDU), ha levantado ampollas en su formación política y entre sus socios. Con su característico zigzagueo, Merz ha maniobrado en una difícil situación.

El mantra de la política exterior alemana en Oriente Medio se define con dos palabras: Staatsräson (razón de Estado) y Zweistaatenlösung (solución de dos Estados). La primera carece de cualquier base legal y fue inventada en 2008 por la entonces canciller, Angela Merkel (CDU): «Esta responsabilidad histórica por la seguridad de Israel forma parte de la razón de Estado de mi país». El segundo vocablo evoca la utopía de que aún podría haber un Estado palestino junto al judío cuando este último está liquidando las bases humana, material y territorial del primero en la Franja de Gaza y Cisjordania.
Durante casi dos años, Berlín ha respaldado a Tel Aviv escondiéndose detrás de su sacrosanta «razón de Estado». El Gobierno de Benjamin Netanyahu ha sabido aprovecharse de este apoyo alemán que sigue siendo incondicional. Ahora que ni su desinformación ni la colaboración silenciosa de la política y los medios mainstream alemanes pueden seguir tapando más la hambruna causada deliberadamente por Israel en Gaza, el canciller, Friedrich Merz, ha osado decretar un cese de la exportación de aquellas armas alemanas «que podrían ser utilizadas» en ese territorio palestino. Ha sido su reacción a la decisión de su homólogo israelí de conquistar la ciudad de Gaza, lo que significa que ha hecho caso omiso a las peticiones alemanas de dejar de lado ese plan.
EN VEZ DE PARAR, NETANYAHU CALIFICA EL PASO DE MERZ DE ESTAR BASADO EN «FAKE NEWS».
Su fiel -y verbalmente muy beligerante- embajador en Berlín, Ron Prosor, lo considera «una fiesta para Hamas». Acto seguido, el lobby proisraelí ha puesto el grito en el cielo y pronto ha conseguido que un sector considerable de la CDU y su socia regional, la Unión Social Cristiana (CSU), se sumen al coro de los críticos contra su propio canciller.
«Un grave error político y estratégico» considera el anuncio de Merz nada menos que el presidente de la Comisión de Política Exterior del Bundestag, Roderich Kiesewetter (CDU). «La política alemana de Oriente Próximo comete un grave error al someterse a la guerra cognitiva de Hamas y defiende una inversión de los roles de víctima y agresor», afirma. «Una decisión tan trascendental, aunque solo sea de carácter temporal, debe tomarse por consenso», critica también el diputado de la CSU Stephan Mayer, quien continúa diciendo que «tengo muchas esperanzas de que en los próximos días y semanas se logre llegar a una decisión razonable al respecto». El presidente de su partido, el ministro presidente del Estado Libre de Baviera, Markus Söder, interviene en el debate con su sonoro silencio. Desde la CSU se espera que Merz dé marcha atrás. Dado que no comunicó su decisión, solo ha recibido el apoyo de su ministro de Exteriores, Johann Wadephul (CDU), y del presidente de su grupo parlamentario en el Bundestag, Jens Spahn. El SPD se muestra igual de dividida que la CDU en esta cuestión.
LA PRESIÓN POLÍTICA Y MEDIÁTICA HA AUMENTADO HASTA TAL EXTREMO DE QUE MERZ INTERRUMPIÓ SUS VACACIONES
para explicar en una entrevista de TV que el cese de exportación no supone «ningún cambio de la política hacia Israel» y que la amistad aguanta este desacuerdo. También se reunió con la cúpula de su partido para calmar los ánimos.
De hecho, Merz no prohíbe en absoluto la entrega de armas estratégicas como los submarinos alemanes que los israelíes adaptan para lanzar los misiles nucleares que niegan tener. Alemania es el segundo exportador de armas a Israel, por detrás de EEUU. A cambio, Tel Aviv, entre otras ventas y servicios contratados, dota a Berlín con dos armas estratégicas: el sistema antimisiles Arrow 3 por valor de 3.000 millones de euros y los drones de combate Heron TP.
Que Merz ha dado un paso sin tener en cuenta las consecuencias y luego ha tenido que retractarse es típico en él porque lo hace frecuentemente. El momento, sin embargo, tiene que ver también con que, hace dos semanas, la Fiscalía General Federal informó de que se han presentado unas mil denuncias contra el canciller por su supuesta complicidad en crímenes de lesa humanidad en relación con el genocidio en Gaza, precisamente por el envío de armas. El Ministerio Público depende del de Justicia y habrá que esperar si alguna de las denuncias se convierte en acusación antes de que la Corte Penal Internacional de la Haya acuse a Alemania por complicidad en la causa abierta contra Israel.

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