Bachelet, la cirujana que aspira a romper el techo de cristal de una ONU en horas bajas
La figura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet vuelve al centro del tablero en un momento de crisis del multilateralismo, cuando Naciones Unidas necesita liderazgo político y capacidad de construir consensos.

La expresidenta chilena Michelle Bachelet ha sido inscrita por el Gobierno saliente de Gabriel Boric como aspirante a secretaria general de la ONU, con el apoyo de Brasil y México, los países más grandes de América Latina. «Esta candidatura –destacaron en un comunicado conjunto– refleja la voluntad compartida de nuestros países de contribuir activamente al fortalecimiento del sistema multilateral y de promover un liderazgo capaz de responder a los desafíos actuales».
La exmandataria, que aún no sabe si contará con el respaldo del futuro Ejecutivo de Chile –el ultraderechista José Antonio Kast dijo que se pronunciará al respecto después del 11 de marzo, cuando asuma el poder–, opta así a reemplazar al portugués António Guterres, cuyo segundo mandato concluye el 31 de diciembre.

Desde su creación en 1945, ninguna mujer ha ostentado el cargo de máxima responsabilidad en Naciones Unidas y solo un representante latinoamericano ha dirigido el organismo: el peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991). Según una tradición de rotación geográfica que no siempre se cumple, la Secretaría General se va turnando entre regiones y esta vez sería el turno de América Latina. Cobran fuerza también las voces que reclaman un liderazgo femenino.
El Gobierno de Javier Milei ha impulsado la candidatura del argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) y también suenan nombres como el de Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica; Mia Mottley, primera ministra de Barbados; la mexicana Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal; o Jacinda Ardern, ex primera ministra de Nueva Zelanda.
El Consejo de Seguridad comenzará «a finales de julio» el proceso para seleccionar a la persona que propondrá a la Asamblea General, a quien corresponde el nombramiento.
«El mundo está preparado»
En una entrevista con la agencia France Presse (AFP) el pasado diciembre, Bachelet afirmó que «el mundo está preparado» para que una mujer tome por primera vez el mando de la ONU. «Las mujeres pueden traer otras características, otro tipo de liderazgos que pueden ser firmes, por un lado, pero también que traiga todo el componente de humanidad necesario para enfrentar los problemas», agregó.
Ese liderazgo humanista que propugna no es una mera formulación retórica. Es parte de una trayectoria política marcada por la memoria personal, la experiencia del exilio, la reivindicación constante de los derechos humanos y la defensa del rol del Estado como garante de la protección social.
Durante sus dos mandatos presidenciales –el primero lo terminó con un índice de popularidad de en torno al 80%–, impulsó las reformas educativa y tributaria, la creación del Instituto Nacional de Derechos Humanos y el Museo de los Derechos Humanos, así como la instauración del Ministerio de la Mujer, el establecimiento de cuotas para aumentar la participación política de las mujeres, la aprobación de la ley del matrimonio igualitario y la despenalización del aborto en tres supuestos.
Recién llegada a La Moneda (2006), tuvo que gestionar la Revolución Pingüina, un ciclo de potentes protestas estudiantiles contra la privatización de la enseñanza heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), que contribuyó a la perpetuación de Chile como uno de los países más desiguales de América Latina. La Ley General de Educación con que se respondió no sirvió para satisfacer a esas demandas.

Desde sectores de la izquierda se cuestionó el alcance de unas reformas que apenas sirvieron para mitigar la brecha social y se acusó a los Gobiernos de la Concertación de limitarse a administrar el modelo neoliberal. Si bien en 2017 pidió perdón al pueblo mapuche por los «errores y horrores» del Estado, la gestión de Bachelet también fue criticada por la militarización de la Araucanía, con casos tan sonados como la muerte del estudiante Matías Catrileo por disparos del cuerpo de Carabineros (2008).
Con todo, la eventual llegada de Bachelet –llegó a ser considerada por la revista ‘Forbes’ como la mujer más poderosa de América Latina– a la ONU en un momento tan complejo puede inscribirse en la necesidad de reforzar el multilateralismo para recuperar un papel central en la gobernanza global.
Breves apuntes biográficos

Lugar y año de nacimiento: Santiago de Chile, 29 de septiembre de 1951.
Exilio: El 10 de enero de 1975 fue detenida y recluida junto a su madre, la arqueóloga Ángela Jeria, en Villa Grimaldi, principal centro de torturas de la DINA, la policía política de Augusto Pinochet. Un mes más tarde, quedaron en libertad y se exiliaron en Australia y la República Democrática Alemana (RDA). No regresaría hasta febrero de 1979. Su padre, el militar Alberto Bachelet, murió en 1974 a causa de un infarto que le provocaron las torturas a las que fue sometido en prisión por mantenerse fiel al Gobierno de Salvador Allende.
Estudios: Se tituló como médica cirujana en la Universidad de Chile (1982) y posteriormente se especializó en pediatría.
Cargos: Militante del Partido Socialista, durante la presidencia de Ricardo Lagos fue ministra de Salud (2000-2002) y la primera mujer en ocupar la cartera de Defensa (2002-2004). También fue la primera mujer presidenta de Chile, cargo que desempeñó durante dos legislaturas (2006-2010 y 2014-2018). Ha sido directora de ONU Mujeres (2010-2013) y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2018-2022).

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