El día en que Iratxe García, jefa de su eurogrupo, perdió los papeles con el presidente Sassoli
El muy reputado cronista comunitario Jean Quatremer acostumbra a deleitar a sus lectores sobre lo que sucede en tribunas, despachos y pasillos del Parlamento Europeo. Hoy ha servido, vía "Libération", un billete de lectura imprescindible. Protagonistas: Iratxe García, David Sassoli y Oriol Junqueras.
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Cronista reputado y con una bibliografía que atesora su conocimiento sobre la trastienda de las instituciones comunitarias, Jean Quatremer ha narrado este lunes en ‘Libération’ a salida de tono que protagonizó, el jueves pasado, la eurodiputada con trayectoria política en Castilla y León aunque de origen vasco Iratxe García, con el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. La crónica lleva el clarificador título de: "Crisis de nervios española en Estrasburgo".
García no es solo eso: aunque poco conocida en Euskal Herria, preside además la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas de Europa. Y ocupa el cargo de vicepresidenta del Partido Socialista Europeo. Pero es, sobre todo, española.
El caso, cuenta Quatremer, es que la delegación de «eurócratas españoles», encabezada por García, trató de impedir desesperadamente la comparecencia en la que Sassoli hizo saber que, según había decretado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Tribunal Supremo español debió haber respetado la inmunidad del líder de ERC, Oriol Junqueras, nada más ser elegido como europarlamentario.
Describe Quatremer la llegada, con media hora de retraso, del presidente de la Cámara, que, asegura el cronista, apareció con rostro lívido. A partir de ahí, como es conocido, el italiano dio puntual cuenta del fallo comunicado, apenas dos horas antes, por el Tribunal de Luxemburgo. Sassoli cerró su comparecencia dejando caer la recomendación al Estado español de que atendiera el mandato dado por el Tribunal de Justicia de la UE. Para entonces, en Madrid ya llovían voces en sentido contrario, empezando por la Fiscalía.
Esa parte es pública y notoria. La que rescata Quatremer tiene que ver con lo ocurrido antes de esa sesión, cuando «España trató de impedir que Sassoli diera cuenta de un fallo que es toda una pesadilla, ya que tres independentistas catalanes, entre ellos Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat refugiado en Bélgica, se van a convertir en diputados europeos y, sobre todo, disfrutar de una inmunidad que les hará intocables».
Una parte de la administración del Parlamento, azuzada por el «nudo tecnócrata» integrado por los funcionarios españoles a las órdenes de Madrid, y también de la Comisión Europea, trataron de dilatar la comparecencia, proponiendo que el fallo quedara en manos de los servicios jurídicos. Sassoli no aceptó ese criterio y aseguró que la Corte había hablado con claridad y eso era una buena noticia ya que los eurodiputados verían reconocido su estatus.
«No puedes hacer eso a España»
Es ahí cuando, describe el cronista de ‘Libération’, Iratxe García exigió encontrarse con el presidente del Parlamento Europeo antes de que se reanudara la sesión plenaria. La reunión tuvo lugar en una sala del hemiciclo en presencia de «una corte de eurócratas», siempre en expresión del autor del artículo.
Relata Quatremer que cuando la eurodiputada comprende que el presidente de la Cámara no alterará sus planes, «García pierde el control y empieza a gritar: no puedes hacer eso a España. ¿Te das cuenta de lo que vas a hacer?». En pleno ataque de cólera, la eurodiputada lanza sus papeles al suelo. «Sassoli, pese la violencia española, no cederá», remata.
Quizás Iratxe García se sintiera superior jerárquicamente al presidente del Parlamento, puesto que como eurodiputado Sassoli lleva diez años encuadrado en la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas de Europa, el eurogrupo que presidente la española.
El cronista finaliza su artículo haciéndose eco de la segunda intentona a cargo de la eurocracia hispánica, esta vez para evitar que los focos se posaran sobre Puigdemont y Comin en su retorno el viernes a la Cámara que les negó la entrada en junio pasado.
En ese segundo incidente, fue la propia administración del Parlamento la que se embarulló. Así, aunque, para gozo de la eurocracia española en Estrasburgo, se determinó otorgarles una tarjeta provisional para un día, la oficina correspondiente se equivocó y les dio un pase para un año, antes de corregir su error. Y, así las cosas, los independentistas exiliados se encontraron ya no con una sino con dos oportunidades de prodigarse en titulares y selfies.