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Los orígenes haitianos de un mito colonial

ZOMBI CHILD
Estado francés-Haiti. 2019. 103’                                         Dir., guion y mús.: Bertrand Bonello. Prod.: Bertrand Bonello y Judith Lou Lévy.
Int.: Wislanda Louimat, Louise Labeque, Mackenson Bijou, Katiana Milfort, Mathilde Riu, Nehémy Pierre-Dahomey, Adilé David, Patrick Boucheron, Ninon François, Raphaël Quenard.
Fot.: Yves Cape.
Mont.: Anita Roth.
Dis. Prod.: Katia Wyszkop.
Vest.: Pauline Jacquard.

Bertrand Bonello. (NAIZ)

He de confesar que me ha costado entrar en el muy personal cine de Bertrand Bonello, pero con su anterior ‘Nocturama’ (2016) me ganó para su causa. Su modo de establecer una sutil conexión entre las nuevas generaciones y sus precedentes históricos, concretamente con el Mayo del 68, supone una mirada diferente sobre un mundo cambiante que es el resultado de un proceso temporal de carácter cíclico.

Con ‘Zombi Child’ (2019) va todavía más lejos en sus paralelismos entre presente y pasado, investigando las huellas que ha dejado el colonialismo en nuestra actual sociedad clasista, mucho más visibles de lo que pudieramos pensar. Lo más curioso es que lo hace a base de desentrañar el fenómeno zombi como un mito colonial de origen haitiano, y así se sirve de una nieta de muertos vivientes caribeños para mediante rituales del vudú invocar a los fantasmas de los esclavos desde una institución fundada por el mismísimo Napoleón, hasta la que ha llegado esta jovencita haitiana, huérfana de una mujer fallecida durante el terremoto, y que recibió la Legión de Honor por su lucha contra el dictador Jean-Claude Duvalier, lo que posibilita la admisión de la chica en tan elitista internado para señoritas de familias influyentes.

Bonello se sirve de la falsa película de género, para bajo una apariencia de suspense terrorífico o melodrama estudiantil, realizar un ensayo que combina etnografía e historia. Esto no impide que sobre su obra sobrevuele la influencia del maestro Jacques Tourneur y su clásico ‘Yo anduve con un zombi’ (1943), en lo tocante a la recuperación del ocultismo inherente a una religión animista. Se incide en hablar de muertos reanimados para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar, seres sin voluntad que se convierten en los sonámbulos de la esclavitud. Y ahora es el cine el que despierta conciencias dormidas.