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Entrevista

«Los no-blancos no son tenidos en cuenta por las organizaciones LGBTI de España»

Djédjé es un joven académico de Costa de Marfil que investiga hace dos años en Madrid sobre la comunidad gay negra y cómo es percibida. Lamenta la «falta de educación sobre racismo» en el Estado y advierte de que «para combatir la homofobia en África no se puede hablar de ‘Gay Pride’».

Ballet Djédjé.

En la semana del Orgullo, rodeado de un Madrid lleno de banderas arcoiris, Ballet Stéphane Djédjé se siente como en casa. Sus ojos dejan de parpadear cuando habla con entusiasmo de su investigación doctoral y de la peculiar razón de por qué eligió venirse a vivir a la capital española para realizar su doctorado en la Universidad Autónoma. Nació en un pequeño pueblo de Costa de Marfil y también vivió en una ciudad costera y en su metrópoli, Abiyán. Pero a los 20 años se mudó a Londres, donde estuvo 16 años (tiene pasaporte británico); luego, por su máster, pasó cuatro años a Berlín y desde 2019 reside en el Estado español.

Hijo de profesores y graduado en Teología, está dedicando su tiempo académico en el doctorado sobre Etnografía a estudiar cómo vive e interactúa la comunidad gay africana negra en la sociedad española con los colectivos LGBTI y cómo es su presencia en los medios, además de tratar de concienciar sobre un cambio de perspectiva en la colaboración de la lucha contra la LGBTIfobia en los países al sur del Sahara.

«Muchos españoles son racistas y no entienden por qué»
    
«Vine aquí, a Madrid, para hablar de los negros africanos gays. Creo que se debe hablar de esto», enfatiza Djédjé en entrevista con NAIZ. Lo dice porque tras su experiencia en el Reino Unido, Alemania (y Francia, en la que también ha pasado mucho tiempo), cree que en el Estado español hay un gran déficit en los medios y la narrativa LGBTI sobre el subcolectivo negro. «Las intersecciones son importantes y hay que estudiar si crece o no la discriminación por ser gay y, además, por ser negro», opina.

En el Estado español asegura haberse sentido muy sorprendido «por la manera de matar la  subjetividad» al interactuar. «Cuando la gente me conoce, muchísimas veces me dice ‘negro’, y cuando les digo que no quiero eso y que me llamen por mi nombre, se ponen defensivos y dicen no ser racistas o que eso no es racismo. Y yo les digo que no pueden decidir qué es racismo, porque son blancos y el que decide si se siente discriminado soy yo. Se enfadan ante mi explicación. Muchas veces soy el único negro en el grupo y a todos los llaman por su nombre y a mí ‘negro’».

Cuando se le pregunta si eso es algo esporádico o constante, se muestra tajante: «Muchísimas veces, es constante y sé que también le sucede a otros. Esto no me ocurría en Reino Unido o Alemania, aunque aclaro que no estoy diciendo que allí no haya racismo».

Djédjé comenta que para su investigación ha visitado más de 20 veces la sauna gay más grande de la ciudad. «Allí muchos blancos españoles me decían ‘qué negro guapo’, etcétera, me acariciaban, y yo me peleaba por ese trato. Es hora de hablar de la cosificación que hay hacia los negros por su cuerpo».

No cree que esto sea por maldad o porque los valores españoles sean racistas, sino que hace hincapié en el déficit de educación: «Comparado con Londres y Berlín, aquí ser gay y negro es un poco más difícil porque la gente no tiene educación sobre racismo. Lo que me hace daño es que alguna gente me hiere incluso sin querer, porque no tiene educación al respecto. Hacen o dicen cosas que son consideradas naturales y también vi esa contradicción cuando conocí a españoles en el extranjero. El racismo es una institución, está ahí, es aprendido y debe ser desaprendido».

Respecto de las grandes organizaciones LGBTI españolas, Djédjé cree que no tienen en cuenta «a los no blancos, a los diferentes, no sólo a los negros sino a los árabes, a los sudamericanos... Hay que hablar también de la discriminación dentro de la comunidad gay, porque que una persona blanca sea gay no significa que no pueda ser racista».

Al ser preguntado sobre el tratamiento diferente que ve en los grandes medios españoles sobre la temática gay negra, responde con énfasis: «¡No existe, directamente no existe!». «Es una situación peculiar, porque los gays blancos sienten, creo yo, que cuando hablan de estos temas piensan que dentro del colectivo LGBTI no hay minorías, y sí, se debe hablar de ello. Tienen que hacer un reconocimiento a la particularidad de nuestra situación».

«La homofobia en África vino con las colonias»

Djédjé presentará un trabajo en el II Congreso de Investigadores de África en la Universidad de Valladolid. Disertará sobre «cómo es la significación y la deconstrucción de la afirmación de que la homosexualidad no es africana». «Dentro de África y en la diáspora se dice esto, lo dice el presidente de Nigeria y el de Gambia, el pastor de mi iglesia y hasta mi madre cuando le dije que era gay. Entonces me he preguntado por qué es esto y lo he investigado», explica.

Según Djédjé, lo que sucede es que las sociedades de la llamada África negra desconocen que en sus culturas previas al colonialismo «había rituales y una tradición homoerótica y hay muchos estudios al respecto». «En mi investigación detecté que el 75% de los que respondieron a mis preguntas admiten que hay relaciones sexuales entre hombres y mujeres en sus comunidades, pero lo que no admiten es el hombre gay como sujeto de derechos para adoptar hijos, casarse, vivirlo abiertamente, etc», añade.

«La homofobia como la conocemos hoy en los países africanos no existía antes de la época colonial, porque además no había una identidad homosexual. Había tolerancia y sí había identidad de género. Los hombres tenían relaciones con hombres pero no eran perseguidos porque se casaban con mujeres para tener niños. No había identidad gay. Y hoy hay tanta homofobia desde los sectores islamistas como cristianos, es por igual», señala.

Sobre el enfoque en la lucha contra la homofobia en el África subsahariana, Djédjé cuestiona que las organizaciones LGBTI de esos países no utilicen la evidencia de una vivencia natural de la homosexualidad en el pasado precolonial para la concienciación y que se apele a la sociedad con consignas europeas.

«Como los fondos de las ONGs vienen de Europa, no utilizan nuestra cultura para esta lucha sino un enfoque europeo. No hay que utilizar el ‘Gay Pride’, debemos cambiar la manera. Cuando las cosas mejoren tal vez sí quepa usar el lema más universal, pero hasta el momento se debe trabajar desde otro lugar para llegar a la gente y transformar su mentalidad al respecto. Cuando la gente siente una relación, una identificación, es cuando hay apertura del corazón frente al tema».

Incluso cuando se le pregunta por la situación legal LGTBI en el África negra, Djédjé replica irónico: «Esa es una pregunta desde punto de vista europeo [sonríe]. No importa tanto dónde están las leyes más o menos protectoras porque a veces, por más que haya esas leyes, la sociedad es más homófoba y el colectivo está en mayor riesgo. Los europeos podrán pedir a los Estados que firmen leyes a favor, pero la población no ha cambiado y es donde está el problema. El país no te protege en los hechos y la gente reacciona mal porque lo ve como cambios que vienen ‘de los blancos, de Europa’, y los rechaza».

Sobre la situación LGBTI en al sur del Sahara, dice que no hay una situación homogénea: «Gambia, por ejemplo, es muy díficil [para los LGBTI], pero en Costa de Marfil, aunque no haya leyes protectoras, la situación no es grave. En la mayoría de los países no hay legislación, ni penalizadora ni protectora. En donde mejor está la ley a favor del colectivo es en Cabo Verde, también en Angola. Pero se dan paradojas: por ejemplo en Sudáfrica está en la Constitución la defensa del colectivo LGTBI pero hay un fenómeno de ‘corrective rape’ [violación para corregir] contra las lesbianas que es muy grave», afirma.

Por otro lado, apunta también a que no todo es un infierno y que los medios  contribuyen a la estigmatización sobre el África negra. «Los blancos creen que nuestra situación siempre es terrible, hablan de Nigeria, Uganda, Camerún.... creen que todos los gays van a las cárceles, la narrativa es sensacionalista. Pero hay que contar también la otra parte, que existe una cultura gay en nuestros países, una noche gay, hasta en Gambia. Y hay hechos positivos que deben ser reconocidos. Se quiere hablar de África como continente peligroso pero nadie cuenta de los casos como Cabo Verde, que es casi un paraíso gay. Esta forma de contarnos debe cambiar», concluye.