La pareja del teniente identifica a varios acusados, algo que no hizo en su primera declaración

María José N., involucrada en la trifulca de Altsasu y pareja del teniente de la Guardia Civil, ha reconocido a varios de los jóvenes acusados y ha afirmado que en el bar Koxka les agredieron mediante «golpes y patadas, especialmente contra el teniente». Sin embargo, no ha podido explicar porqué no reconoció en su primera declaración a Oihan Arnanz, que era su vecino, y a Julen Goikoetxea con nombres y apellidos, como sí hiciese después.

@MartxeloDiaz|2018/04/17
Altsasu
Imagen de la primera jornada del juicio en la Audiencia Nacional española contra los jóvenes de Altsasu. (POOL EFE)

María José N., la pareja del teniente, ha relatado que conocía a los acusados porque vivía en Altsasu desde que tenía tres años. Asimismo, ha señalado que tras la agresión no ha vuelto a esta localidad.

Durante su declaración, ha sostenido que en el bar Koxka les agredieron mediante «golpes y patadas, especialmente contra el teniente». Según ha afirmado, su objetivo en esos momentos era «proteger al teniente». Pese a ello, ha afirmado que también fue objeto de golpes. Como consecuencia de ello, ha explicado que ha sufrido problemas sicológicos.

En el turno de preguntas de la acusación, ha reconocido a varios de los acusados. Ha culpado a Jokin Unamuno de ser «el causante de todo» y también ha identificado a Adur Ramírez de Alda como uno de los agresores. Del mismo modo, ha señalado a Oihan Arnanz, que era su vecino, como otro de los participantes en la trifulca y ha apuntado que envió a la Policía Foral una foto que ella misma recortó.

Sin embargo, no ha podido explicar porqué no reconoció a Arnanz con nombres y apellidos en su primera declaración ante la Policía Foral ni en la primera ante la Guardia Civil. Solo en la ampliación ante la Guardia Civil, «a la que creo que me llamaron», le identificó por su filiación. Lo mismo sucede con Julen Goikoetxea.

Por su parte, la pareja del sargento, ha afirmado que están siendo sometidos, «a un juicio de valor en el que te sientes la agresora en vez de la víctima». «Vivimos constantemente pidiendo perdón y dando explicaciones», ha resumido la mujer.

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